En tiempo de Adviento y de Navidad las pastorelas fueron hasta hace poco una tradición muy arraigada en México. Eran montadas en escuelas, parroquias, barrios y hasta en el seno de las familias; pero el antecedente de esta forma de teatro de carácter moral y religioso llegó a América en el siglo XVI.

El teatro evangelizador existía en Europa desde la época medieval. Eran obras alegóricas y generalmente en un solo acto, y se les denominaba “autos”; el más antiguo que se conoce es del año 1145, y se titula “Representación de los Reyes Magos”.

Después del concilio de Trento, hasta los grandes escritores del Siglo de Oro español — como Pedro Calderón de la Barca, Tirso de Molina y Lope de Vega— escribieron “autos” destinados a consolidar la fe católica. Sobre todo eran de tema eucarístico, y se les acabó conociendo como “autos sacramentales”.

Los religiosos franciscanos incursionaron en Italia en el mundo del teatro evangelizador, y lo introdujeron en la Nueva España; lo concibieron como una forma de transmisión directa, en lengua náhuatl, de las verdades fundamentales de la fe cristiana. Dice la historiadora literaria María Sten:

“Se puede decir, sin exageración, que el teatro fue en la conquista espiritual de México lo que los caballos y la pólvora fueron en la conquista militar”.

Por desgracia se conservan muy pocos textos de esas primeras obras de teatro escritas por los frailes y actuadas por indígenas. Los “autos” se presentaban en capillas abiertas —también llamadas capillas de indios—, en atrios y en plazas públicas.

PRIMERA REPRESENTACIÓN

Hay noticias de que en 1528 los frailes agustinos de Acolman ya intercalaban sus catequesis de Adviento con estampas escénicas del misterio de la Navidad; pero aún no se trataba de dramatizaciones o piezas de teatro en sentido estricto.

La primera verdadera representación teatral en la Nueva España tuvo lugar en Tlaxcala, en 1531, consistente en una obra escrita por el franciscano fray Andrés de Olmos y titulada “El Juicio Final”. La misma volvió a montarse en 1533 en el atrio del convento de Santiago Tlatelolco, y en1535 en la capilla de San José de los Naturales en la Ciudad de México, ante el virrey Mendoza.

UN MUNDO DE ENSEÑANZAS

Los misioneros impartían a través del teatro enseñanzas tanto religiosas como morales, y también históricas. Entre los “autos” escritos en la Nueva España figuran los siguientes, por orden de su estreno:

  • En 1538: “Anunciación de la natividad de san Juan”; “La natividad de san Juan”; “Anunciación de Nuestra Señora”; “Visitación de Nuestra Señora”; “Asunción de Nuestra Señora”; “San Jerónimo y san Francisco”.
  • En 1539: “La conquista de Rodas”; “La conquista de Jerusalén”; “La caída de nuestros primeros padres”; “La tentación del Señor”; “Predicación de san Francisco a las aves”; “El sacrificio de Isaac”.
  • En otros años: “La Adoración de los Reyes Magos”; “La educación de los hijos”; “La invención de la Santa Cruz por santa Elena”.

A finales del siglo XVI ya también se había consolidado el teatro evangelizador destinado a la población española y criolla.

Por desgracia, la Ilustración del siglo XVIII combatió y, finalmente, consiguió prohibir en el mundo el teatro religioso.

TEMA DE LA SEMANA: EL TEATRO MISIONERO EN LA PRIMERA HORA DE MÉXICO

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 13 de diciembre de 2020. No. 1327