Por P. Fernando Pascual

Un autor anónimo de los primeros siglos cristianos publicó una obra con el título “Sobre las diversas maneras de alcanzar la propia salvación y sobre la penitencia”. En dicha obra enumeraba 10 medios con los cuales podíamos obtener el perdón de los propios pecados.

¿Cuáles eran? La enumeración es sencilla y sugestiva:

  1. No condenar a los demás.
  2. Perdonar las ofensas.
  3. Ser humilde.
  4. Las lágrimas.
  5. La oración.
  6. La limosna y las obras de misericordia.
  7. Las enfermedades y las tribulaciones.
  8. La conversión a la fe verdadera.
  9. La oración continua.
  10. Confesar a Cristo ante un tirano infiel.

Esta enumeración, desde luego, está unida a las enseñanzas de la Iglesia sobre la confesión sacramental, que encontramos explicadas en el “Catecismo de la Iglesia Católica” (especialmente en los números 1422-1470), pero recoge una serie de acciones y de disposiciones interiores que nos abren a la reconciliación.

A lo largo del día, las tentaciones nos asedian. El pecado está dentro de nuestro corazón, y el mundo externo promueve numerosos vicios de diverso tipo.

Cuando el mal nos ha herido, el amor a Dios, recibido como gracia, nos lleva al arrepentimiento, que incluye el deseo de confesarnos como enseña la Iglesia. Además, nos impulsa a realizar obras sencillas, como las enumeradas, para abrirnos al gran regalo del perdón.

Llevar a cabo las obras propuestas por aquel autor antiguo puede parecer difícil, pero no lo es cuando tenemos verdadero dolor por nuestros pecados. Porque esas obras recogen una tradición de la Iglesia sobre la penitencia, y están muy unidas al amor al prójimo y a la imprescindible virtud de la humildad.

Además, son obras que están en nuestras manos. ¿Quién no tiene algo que perdonar a otros? ¿Quién no es capaz de emprender una oración humilde y confiada? ¿Quién no puede hacer limosna y otras obras de misericordia?

Cada día puedo disponer mi alma al gran regalo de la misericordia. A través de actos sencillos, de pasos concretos, mi corazón se orienta a vivir la caridad, en la que se unen, como enseña Cristo, el amor a Dios y el amor a los hermanos.

(La enumeración aquí recogida se encuentra en la siguiente publicación: Tomás Spidlik, “Sentire e gustare le cose internamente. Letture per gli esercizi spirituali”, Lipa, Roma 2006).