Por Diana R. García B.

PRIMER ARGUMENTO: “No se debe celebrar la Navidad porque la Biblia no lo ordena”

Es verdad que en ninguna parte de las Sagradas Escrituras se encuentra la orden expresa de celebrar el Nacimiento de Jesucristo.

Pero a quienes esgrimen este argumento habría que preguntarles: ¿Dónde dice la Biblia que está prohibido celebrar el Nacimiento de Cristo? Y la verdad es que no sólo no existe ningún versículo que prohíba la fiesta de Navidad, pero sí otros que, de manera implícita, invitan a hacerlo; por ejemplo, cuando el Niño nació en Belén, el Cielo no se calló la noticia, sino que los ángeles festejaron y se aparecieron a los pastores para que también celebraran el Nacimiento.

Además, Dios no dejó fuera del festejo ni a los de lejos: guió a través de una estrella a los Magos de Oriente para que llegaran hasta el Niño.

SEGUNDO ARGUMENTO: “El 25 de diciembre es la fiesta pagana del dios sol”

Quienes dicen que “Jesús no nació en Navidad” no se dan cuenta de que lo que dicen es tan sin sentido como afirmar que el fuego no quema, o que el mar no tiene agua.

La palabra navidad es contracción de otro vocablo, natividad (del latín nativitas), que significa «nacimiento». Escrita con mayúscula se refiere de manera exclusiva al Nacimiento de Jesús. Así, la Navidad celebra a Cristo y no al “dios sol”, llámese como se llame en las diversas culturas paganas: Apolo (en Grecia), Helios (en Roma), Mitra (en Persia), Huitzilopochtli (en Tenochtitlan), Frey (entre los escandinavos), Inti (en el imperio Inca) etc. Las fiestas de estos «dioses» tienen sus propios nombres: Natalis Solis Invicti, Brumilla, Cápac Raimi, Saturnalia (inventada hacia el año 274 para contrarrestar la cada vez más extendida celebración cristiana del natalicio de Jesús), etc. Ninguna de ellas se llama ni se llamó jamás “navidad”.

Jesús no nació en diciembre. Los estudios apuntan a que debió ocurrir más bien entre marzo y abril; pero como no se conoce la fecha exacta, y como la Iglesia conmemora todos y cada uno de los acontecimientos de la vida terrena del Señor, hubo de repartirlos a lo largo del año de manera que no se empalmaran. Puesto que la celebración de la Pascua tiene lugar siempre en primavera, no tuvo nada de descabellado elegir el mes de diciembre para celebrar el natalicio del Salvador.

TERCER ARGUMENTO: “La Navidad no debe celebrarse porque hay mucha borrachera y desenfreno”

Tienen toda la razón los que lamentan que el Tiempo de Navidad —que va desde el Adviento hasta la Epifanía— sea utilizado por millones de personas en todo el mundo como pretexto para realizar acciones licenciosas y/o supersticiosas; pero lo que ocurre es que ellos no están celebrando la Navidad, sino otras cosas.

La coincidencia de dos eventos en una misma fecha no los convierte en uno solo. Quien se emborracha, quien despilfarra dejándose arrastrar por el consumismo tan común en esta temporada, no honra a Dios. Quien vive estos días centrado en el misterio de la encarnación divina, ése es quien en verdad celebra la Natividad.

TEMA DE LA SEMANA: LA BELLEZA QUE SALVA AL MUNDO

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 20 de diciembre de 2020. No. 1328