Por Jaime Septién

“El sufrimiento es el cincel que Dios emplea para perfeccionar al hombre y el sufrimiento es el que nos lanza al mundo de los demás”, escribió el gran C. S. Lewis, autor, entre otros muchos libros de Las Crónicas de Narnia.

Lewis vio mucho sufrimiento en su, aparentemente, tranquila vida de profesor en Inglaterra. Las dos guerras mundiales y la lenta agonía de su esposa (que dejó plasmada en Una pena en observación) son pasajes imborrables de su vida.

Por ello pudo escribir la hermosa frase con la que comienzo mi reflexión. Es mero cristianismo el encontrarle al dolor, a la enfermedad, al declive físico –tierra de sombras que se nos viene encima como una noche sin estrellas— un camino de esperanza.

El mundo virtual presenta al sufrimiento no como “un cincel que Dios emplea para perfeccionar al hombre”, sino como un taladro que el propio Dios “emplea” para destruirlo. La visión del mundo, ya se ve, es muy corta.

Por lo demás, la frase de Lewis nos explica el por qué del creciente individualismo que atenaza a nuestra sociedad. Solamente el que sufre o ha sufrido una pena en el cuerpo o en el alma es capaz de compadecerse de los otros “descartados”.

La frialdad con la que se manejan cifras de muertos por la pandemia, por el crimen o por el aborto en los medios de comunicación mexicanos, su poca empatía con las familias de los caídos, da cuenta de ese atroz egocentrismo que proviene de “alegrarse” del mal ajeno.

Solo el sufrimiento convierte al corazón. Y catapulta al que sufre desde lo hondo a hacer causa común con los olvidados de la Tierra. Sabe que Dios está puliendo en él una escultura digna de entrar en el Cielo.

TEMA DE LA SEMANA: «UNA SOCIEDAD ES TANTO MÁS HUMANA EN CUANTO MÁS CUIDA LA FRAGILIDAD»

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 31 de enero de 2021 No. 1334