Por P. Fernando Pascual

La medicina, como otros ámbitos del saber científico, se mueve en una zona donde conviven certezas e incertezas, aciertos y errores.

Ello explica la existencia de algunos errores en los diagnósticos, que llevan a los “falsos positivos” o a los “falsos negativos”.

Así, tras un test sobre el famoso coronavirus, una persona sale contenta porque le dicen que no tiene el virus, cuando en realidad lo tiene dentro de sí. Y otra sale angustiada porque le han dicho que sí lo tiene, cuando está limpia de esa terrible infección.

Este tipo de errores puede tener consecuencias sumamente graves: un falso negativo (uno tiene el virus pero no aparece en el test) puede contagiar a otras personas; un falso positivo (uno no tiene el virus pero el test dice que sí lo tiene) puede caer en depresión al tener que afrontar días y días en aislamiento.

Por eso, los científicos y los laboratorios buscan métodos que eviten los errores en los diagnósticos, y que ofrezcan las máximas garantías posibles a la hora de establecer la situación real de quienes piden un test sobre su salud.

Pero ni los test más precisos ni los médicos más experimentados pueden evitar algunos errores. En parte, porque las situaciones de los pacientes son sumamente complejas y variadas. En parte, porque los mismos instrumentos de medición no son capaces de alcanzar la perfección absoluta. En parte, porque los médicos y los analistas son seres humanos que pueden equivocarse.

Entonces, hay que aceptar el riesgo de errores en los diagnósticos que resulta difícil de eliminar, y ayudar a la gente a convivir con ese riesgo. Muchos análisis ofrecen un alto grado de exactitud, pero incluso en ellos podrán darse errores que llevan a falsas confianzas o a falsos temores.

En el fondo de este tema, las incertidumbres de los diagnósticos desvelan una característica propia de la existencia humana: la presencia de ámbitos con mayor o menor incertidumbre, que impiden tener un conocimiento exacto de las cosas, y que exigen una sana prudencia a la hora de leer el último test que acaba de enviarnos el analista del laboratorio al que acudimos la semana pasada…