Hemos abordado en dos ediciones recientes de El Observador el tema de la transmisión de la fe desde el hogar; se trata del número 1313, del domingo 6 de septiembre de 2020, dedicado al tema “La Biblia vuelve a casa”, y el número 1315, del domingo 20 de septiembre de 2020, sobre “Cómo transmitir la fe en casa y no morir en el intento”. En ellos presentamos varios recursos e ideas prácticas.

En especial, propusimos la formación cristiana mediante las Escrituras como pilar fundamental, aplicando el lema del padre Flaviano Amatulli (1938-2018): “Biblia para todos y Biblia para todo”: Biblia para la catequesis, para hacer oración personal y en familia, para buscar consejo; Biblia para los niños, los adolescentes, los jóvenes y los adultos.

El uso abundante de la Biblia es una garantía para no dejar fuera verdades de la fe. En cambio, sí hay muchos catecismos infantiles y juveniles que silencian enseñanzas fundamentales. Así lo denunciaba el sacerdote salesiano Pietro Riggi ante Benedicto XVI:

“En los catecismos de la Conferencia Episcopal Italiana, usados para la enseñanza de nuestra fe a los muchachos de Confesión, Comunión y Confirmación, no se habla nunca del Infierno ni del Purgatorio, una sola vez del Paraíso, una sola vez del pecado, únicamente del pecado original.

“Pero al faltar el pecado, al no hablar del Infierno, también la redención de Cristo llega a ser disminuida”.

Es verdad. Hay sacerdotes que dan testimonio de que los niños, después de recibir la catequesis presacramental, no pueden decir de Jesús otra cosa que “es nuestro amigo”; no saben o no les queda claro que es Dios, que es el Salvador, que es el Señor del Universo y que también es Juez, y que como tal vendrá de nuevo a juzgar a vivos ya muertos, dando a cada quien lo que corresponde según sus obras.

Por ello los padres de familia necesitan revisar la enseñanza religiosa que sus hijos reciben o recibieron, a fin de completar aquello que falta. Lo mejor es revisar diversos catecismos y programas para elaborar los papás su propia estrategia evangelizadora y catequética.

EL INICIO

¿Pero por dónde empezar? Desde luego, por el Primer Anuncio o Kerigma. Hay en línea cursos kerigmáticos para niños, adolescentes y jóvenes, pero con frecuencia usan un método lleno de símbolos, y los menores de edad tienen que sacar deducciones de ello. Pero el Kerigma debe ser un “tiro directo”, “a quemarropa”, sin diluciones, capaz de sacudir hasta lo más íntimo en quien recibe el mensaje. Por ello un buen consejo es utilizar el libro “Evangelización. Primer Anuncio”, del padre Alfonso Navarro Castellanos, MSpS, que utiliza el SINE (Sistema Nacional de la Nueva Evangelización), y adaptarlo según las circunstancias familiares.

BIBLIA Y CATECISMO

En cuanto al siguiente paso, el de la catequesis, hay que apoyarse siempre en la Biblia, leyendo directamente en ella y enseñando a los hijos a hacer lo mismo.

Si los niños y adolescentes son reacios a la lectura, volvemos a aconsejarles la Biblia en cómic. En

https://recursosdesperanza.blogspot.com/2013/03/revista-la-biblia-ilustrada-todo-color.html

se puede descargar una versión de forma gratuita.

Y para tener una guía sobre las enseñanzas mínimas del catecismo para los niños y adolescentes, el Catecismo del padre Ripalda es siempre actual; está basado en preguntas y respuestas que los catequizandos deben memorizar. Es común encontrar que personas que hoy tienen 45, 60, 75 o más años de edad y aprendieron con el Catecismo del padre Ripalda, aún son capaces de responder fielmente a las verdades de la fe.

MÁS RECURSOS

Si la catequesis se imparte como una mera clase, o nada más se lee, lo más probable es que los hijos se distraigan o hasta acaben detestando esos momentos. Hay que hacerlos divertidos y dinámicos; en Pinterest hay numerosos recursos para la catequesis bíblica: dibujos, crucigramas, manualidades, juegos, etc. Hay que aprovecharlos.

Aquí hay más recursos gratuitos que pueden ser de utilidad:

TEMA DE LA SEMANA: “CATEQUESIS EN PANDEMIA: UNA OPORTUNIDAD DE LOS PADRES DE FAMILIA PARA HACER CRECER LA FE”

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 25 de abril de 2021 No. 1346