Por Mónica Muñoz

Es de llamar la atención todo lo que el uso de las redes sociales ha traído para quienes las utilizan a diario, sobre todo porque hace unos años el índice de analfabetismo era muy elevado, recordando que en las últimas décadas del siglo XX, en nuestro país se luchaba por disminuir las cifras de quienes no sabían leer y escribir, haciendo campañas para que las personas mayores ingresaran al entonces INEA, Instituto Nacional para la Educación de los Adultos, el cual fue creado en 1981, como respuesta ante un inmenso problema nacional: la existencia de un gran número de mexicanos de 15 años y más que carecía de estudios de primaria y secundaria y alfabetizaba a adultos mayores.

Con esta tarea a cuestas, funcionó dicho instituto ayudando a miles de personas a superarse. En la actualidad, el analfabetismo en México ha disminuido notoriamente, el porcentaje de personas analfabetas de 15 y más años bajó de 25.8 % en 1970 a 4.7 % en 2020, lo que equivale a casi 4 y medio millones de personas que no saben leer ni escribir.

Creo que podemos pensar que las redes sociales en algo han colaborado para que estas cifras sean tan alentadoras, ya que los mexicanos nos hemos visto en la necesidad de acceder a la web más de lo que hubiésemos imaginado durante el último año, debido a la pandemia.

El trabajo escolar y laboral ha obligado a un 77.2% de la población mexicana a navegar en internet, “predominantemente a través de dispositivos móviles, lo que a su vez ha generado más visitas a sitios web y un mayor uso de las redes sociales, traduciéndose en 100 millones de usuarios activos de las diferentes plataformas que existen para conectarnos con otras personas”, de acuerdo al estudio Digital 2021 elaborado por la agencia creativa We Are Social, y Hootsuite, líder mundial en gestión de redes sociales.

Sin embargo, también encontramos puntos no tan favorables en esta situación, destacando la forma de escribir de los usuarios, que, si debemos ser crudos y realistas, es deplorable en la mayoría de los casos, ya que las personas que intentan comunicarse, escriben con una enorme cantidad de errores ortográficos y gramaticales. Además, si se hace alguna observación al respecto, se ofenden y hasta llegan a insultar a quienes les hacen notar sus faltas.

Claro que hay que tener tacto para los dos casos: primero, el que corrige debe hacerlo con caridad, sin denigrar a nadie, y con la recta intención de evitar avergonzar a quien cometió la falla. Y por el otro lado, ser un tanto humilde para recibir la corrección, pues es seguro que aprenderá algo nuevo que le ayudará a crecer en cultura y mejorará tanto su imagen como su seguridad para comunicarse por escrito.

Y esto, además, logrará que quien escribe sea visto con seriedad, ¿por qué? Simplemente porque en las redes sociales no tenemos ni idea de quienes están detrás de los comentarios que leemos, a menos que se trate de nuestros familiares y amigos. No es fácil dar crédito a una opinión plagada de errores ortográficos, que puede provocar desde risa hasta confusión o enojo.

Leí la semana pasada una petición de alguien que solicitaba oraciones por un difunto en su aniversario “luptuoso”. Debo confesar que intenté no reírme, pero no lo conseguí, nunca había visto esta palabra con tal deformación. Estoy segura de que quien la redactó ignoraba que esa palabra no existe.

Espero que no se me tome a mal el tono con el que abordo este tema, porque realmente me preocupa el bajo nivel que hay entre los mexicanos para escribir correctamente, incluso entre aquellos que cursan una carrera universitaria o peor aún, entre profesionistas que deberían escribir impecablemente, tales como los maestros o quienes trabajan en medios de comunicación, pero créanme, mis ojos arden cada vez que leo noticias y saltan sin cesar las faltas de ortografía.

Esta es una urgencia en el rubro educativo que no debería tomarse a la ligera, ya que escribir correctamente es la carta de presentación de cualquier persona, y que puede corregirse si se practica la lectura de un buen libro y se consulta constantemente el diccionario, o bien, se busca un curso en línea de redacción básica, ya que estamos en esto de las redes sociales. Hagamos algo para corregir nuestra escritura y la de nuestros niños.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 25 de abril de 2021 No. 1346