La razón por la que, hasta hace algunas décadas, las biografías de los santos solían resultar empalagosas, o sus ejemplos de vida se antojaban inalcanzables, es porque ellos solían ser presentados respirando sobrenaturalidad desde el primer instante de su vida hasta su muerte. Ninguna actitud suya parecía tener algo en común con el resto de los mortales; se les mostraba como si vivieran en una perenne realidad extracorpórea. Por eso la gente solía decir que “nacieron para ser santos”, que ya estaban “predestinados” para ello, a diferencia del resto.

¿Se puede decir que san Juan Pablo II estaban predestinado por Dios para ser santo? Si se responde que sí, y con ello, al mismo tiempo, se está suponiendo que la inmensa mayoría de los hombres no, entonces se está cayendo en algo parecido a lo que enseñaba uno de los mal llamados “reformadores” del protestantismo, Juan Calvino.

Predestinación y presciencia

Este francés del siglo XVI enseñó una “doctrina de la predestinación” según la cual Dios creó a algunos seres humanos para el Cielo y a otros para el Infierno, por lo cual su destino final tendría poco que ver con una elección libre y personal; en todo caso, sería el propio Señor quien les estaría endureciendo el corazón a algunos para que permanecieran malos y se condenaran.

Se trata, desde luego, de una creencia equivocada que surge de confundir la predestinación con la presciencia de Dios; esta última consiste en que Él conoce de antemano todo lo que sucederá; por tanto, por su presciencia, sabe quiénes se salvarán y quiénes rechazarán el sacrificio de Cristo y la salvación.

La predestinación divina, en cambio, se refiere al destino que por anticipado planeó el Señor para cada uno de los hombres. Y la Revelación es clarísima: “Dios quiere que todos los hombres se salven” (I Timoteo 2, 4). Y sólo hay dos destinos finales: Cielo, para los santos, e Infierno para los condenados. Todo el que entra al Cielo ya es santo.

El Infierno no estaba predestinado para ningún hombre sino para los demonios; sin embargo, llegan ahí los que libremente rechazan el plan de Dios: “¡Vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles!” (Mateo 24, 51).

Aclarado esto, regresamos a la pregunta: ¿Se puede decir que san Juan Pablo II estaban predestinado por Dios para ser santo? Sí, lo mismo que el resto de la humanidad. No todos responden con tino al plan celestial, pero Karol Wojtyła sí lo hizo: vivió y murió santamente, y por ello su vida apareció salpicada de intervenciones sobrenaturales, porque Dios estaba con él. Por ejemplo:

  • En agosto de 1944 estalló un gran levantamiento en Varsovia. El día 6, llamado “Domingo Negro”, los nazis, temerosos de una sublevación en Cracovia, hicieron una redada en toda la ciudad. Cuando irrumpieron en la casa de Karol, éste permaneció en su cuarto, arrodillado y rezando en silencio, e inexplicablemente los soldados no entraron en la habitación.
  • Kay Kelly, de Liverpool, Inglaterra, tenía 35 años, estaba casada y era madre de 3 niños cuando le detectaron cáncer linfático. Desahuciada, pidió ver al Papa antes de morir, y su esposo la llevó a Roma, a la audiencia general del 14 de marzo de 1979. Puesta en primera fila con otros enfermos, cuando Juan Pablo II se acercó a ella, Kay lo abrazó. “Sentí un calor en todo el cuerpo, como provocado por una chispa interior, un calor que me duró mucho rato”. A su regreso a Liverpool, empezó a mejorar rápidamente, hasta que los análisis que le hicieron a principios de julio de ese mismo año revelaron que estaba curada.
  • El 12 de mayo de 1990 José Herón Badillo Mireles, de 4 años de edad, desahuciado por una leucemia, recibió la bendición de Juan Pablo II cuando el pontífice visitó Zacatecas. En aquel momento comenzó su curación, y cuatro o cinco meses después estaba totalmente sano.
  • En 1994 a Ange Aurelien, de 16 años, originario de Costa de Marfil, le detectaron un tumor con metástasis cuando ya se encontraba en fase terminal. Escribió una carta a Juan Pablo II para pedirle que rezara por él. El Papa le envió un rosario bendito, y, después de unos meses, el adolescente, que según los médicos no tenía ninguna posibilidad de salvarse, empezó a mejorar hasta curarse por completo.

TEMA DE LA SEMANA: “DETRÁS DE ÉL HUBO UN GRAN SÍ A LA VIDA”

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 16 de mayo de 2021 No. 1349