“El trabajo más productivo es el que sale de las manos de un hombre contento.” Víctor Pauchet

Por Tomás de Híjar Ornelas

Don Hércules Medina Garfias, Obispo Auxiliar de Morelia y Responsable de la Dimensión Episcopal del trabajo de la Conferencia Episcopal Mexicana aprovechó el pasado 1 de mayo del 2021 para publicar un Mensaje por el Día del Trabajo, que también lo es de la memoria litúrgica de San José Obrero en un año dedicado a su memoria.

En el texto alude a las “circunstancias de postpandemia que vive nuestra sociedad” desde dos ejes: la lucha “por la justicia económica y laboral” y la causa de “aquellos buenos empresarios que realizan su trabajo con honradez” dando un trato digno a sus colaboradores.

La justicia económica y laboral, afirma el Mensaje, aspira a “mejorar condiciones laborales y salariales”, que en un contexto de precariedad laboral y subempleo, no podrán arribar si no se refundan “nuevas relaciones laborales basadas en la mutua confianza” entre el empresario y su equipo, la voluntad política del Gobierno y la participación de entidades tan diversas como complementarias: desde los sindicatos, los jóvenes, las Universidades, los migrantes, las mujeres y, por supuesto, la Iglesia.

En este último rubro, propone a sus correligionarios mitrados y a sus colaboradores capacidad para establecer “comunidades que promuevan la dignidad de toda la persona y de todas las personas” abiertas a abrazar “las iniciativas que promueven la solidaridad, la subsidiariedad y la sinodalidad”.

El reto, concluye, es “generar trabajo para todos, porque a través de ello, se dignifica la persona humana” y, claro, invoca a Señor San José, ese ‘Padre trabajador’ al que Francisco, en su reciente Carta Apostólica Patris corde presenta desde su relación con el trabajo, el de un oficial en carpintería (más cercano, en su tiempo, a un albañil del nuestro), “que trabajaba honestamente para asegurar el sustento de su familia”, y del que “Jesús aprendió el valor, la dignidad y la alegría de lo que significa comer el pan que es fruto del propio trabajo”.

Al respecto, Francisco, ante cifras de desempleo que hoy en día tienen “niveles impresionantes”, plantea esta prioridad: apelar a una conciencia renovada que comprenda “el significado del trabajo que da dignidad”, a despecho del que denigra, vulnera y criminaliza.

En las cuentas del Papa, siendo el trabajo una “participación en la obra misma de la salvación”, pues lo mismo acelera el advenimiento del Reino que facilita en cada persona el desarrollo de “las propias potencialidades y cualidades, poniéndolas al servicio de la sociedad y de la comunión”, se ha de bordar también como ocasión de realización para el “núcleo original de la sociedad que es la familia”. Y abunda: “una familia que carece de trabajo está más expuesta a dificultades, tensiones, fracturas e incluso a la desesperada y desesperante tentación de la disolución”, al grado que no se puede hablar de dignidad humana sin un compromiso serio “para que todos y cada uno tengan la posibilidad de un sustento digno”.

Y concluye, a propósito de nuestro tiempo de “crisis económica, social, cultural y espiritual”, que sólo por ello ha de ser también “un llamado a redescubrir el significado, la importancia y la necesidad del trabajo para dar lugar a una nueva “normalidad” en la que nadie quede excluido”, pues si en San José “el mismo Dios hecho hombre no desdeñó el trabajo”, para nosotros, en el marco pospandémico, puede convertirse en “un llamado a revisar nuestras prioridades”, que resume en este paradigma: “¡ningún joven, ninguna persona, ninguna familia sin trabajo!”.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 2 de mayo de 2021 No. 1347