Requerimos respirar aire puro para ver con optimismo el futuro venidero, estamos sedientos de que nos digan que ahora sí ya se va a acabar el encierro y volveremos a nuestra vida normal

Por Mónica Muñoz

Todos estamos hartos de las malas noticias, sobre todo porque desde hace más de un año vivimos una situación de encierro obligatorio por causa de la pandemia que aún se mantiene vigente, a pesar de las vacunas que se han comenzado a aplicar y de la disminución de casos activos del virus del SARS Cov 2. Por eso, cuando se nos dijo que las actividades podían retomarse paulatinamente, dimos suspiros de alivio, porque la situación económica ya es insostenible, pues no se puede vivir del aire, por eso, ver que algunos negocios reabrían fue un bálsamo para nuestras almas.

Infortunadamente, no todos han podido retomar sus trabajos, muchas micro y pequeñas empresas tuvieron que cerrar definitivamente, lo que ha traído como consecuencia incontables pérdidas económicas, y, paradójicamente, el florecimiento de otros negocios, tales como las entregas a domicilio y las ventas por internet, que han crecido significativamente. Según datos aportados por Asociación Mexicana de Venta Online (AMVO), ha habido un incremento de 81 por ciento en 2020 respecto a 2019.

Y se vislumbra que, a pesar del regreso a las actividades, eso no cambiará. El comercio electrónico llegó para quedarse y el comportamiento de compra de los consumidores ha sido modificado para siempre.

Ahora bien, hablamos de avances en cuestión de economía y salud, sin embargo, lo más importante sería analizar qué nos está dejando como aprendizaje todos estos contratiempos, porque es innegable que no nada más nuestra manera de comprar cambió, nuestra vida entera se vio afectada por la parálisis de la pandemia. Ahora se está hablando del regreso a clases presenciales, sin embargo, las escuelas tienen muchos retos qué enfrentar, y no refiero únicamente a acatar todos los protocolos y exigencias de higiene y sana distancia, sino lo más importante, acostumbrar nuevamente a los alumnos a tomar clases en su salón, con un profesor al frente y con compañeros a los lados.

Ya nos habíamos hecho a la idea de que las clases en línea no eran tan malas como parecía al principio, sin embargo, la realidad es que el aprovechamiento académico no es el mismo a distancia que teniendo al estudiante de frente para hablar con él y resolver sus dudas.

Es mucho lo que deberemos revisar para seguir adelante con lo que quedó estancado durante el 2020, pero no dudo de que podremos sacar una buena enseñanza de todo esto, porque, evidentemente, los seres humanos podemos acostumbrarnos a todo, menos a no comer, diría mi abuelo. Creo que nos dimos cuenta de que estar en casa es muy bueno, que reencontrarnos con los miembros de nuestra familia era necesario, que conocernos era indispensable y tolerarnos todo un reto.

Entendimos que no es necesario estar todo el tiempo en la calle, que también permaneciendo en nuestro hogar podíamos pasarla bien. Sin embargo, como todo lo nuevo, no hubiera estado mal tener un instructivo para saber cómo lidiar con las responsabilidades del trabajo y del hogar al mismo tiempo, sin fallar en el intento, porque para mucha gente, la experiencia resultó más estresante que satisfactoria. Lo que parecía un sueño hecho realidad, se estaba convirtiendo en una pesadilla.

Y lo fue más porque no todos tenemos la oportunidad de afrontar la situación de manera holgada y cómoda. No es lo mismo compartir el espacio reducido de una casa de interés social que el de una mansión de dos plantas, jardín, patio y cochera. Y menos si no se tienen los medios suficientes para trabajar como dispositivos móviles o computadoras para cada integrante de la familia y una conexión a internet para dar abasto a todos.

No ha sido fácil, por ello, estamos más necesitados de buenas noticias, requerimos respirar aire puro para ver con optimismo el futuro venidero, estamos sedientos de que nos digan que ahora sí ya se va a acabar el encierro y volveremos a nuestra vida normal, que podremos nuevamente reunirnos con nuestros seres queridos y amigos a quienes no hemos podido abrazar, que por fin dejaremos de tener miedo a enfermarnos y a perder a alguien amado. Requerimos escuchar que ahora sí, todo estará bien.

Porque también está la otra enfermedad contra la que estamos luchando, y esa es la inseguridad, ¿qué pasará cuando volvamos a las calles? Esa es otra deuda que tenemos como sociedad, de nada valdrá reanudar nuestros trabajos sin temor a una enfermedad si nos queda el miedo a ser víctimas de otros seres humanos que se han perdido en la ambición y el deseo de tener, no importando las consecuencias de sus malos actos. Esa es otra cuenta por saldar, sin embargo, tratemos de ser menos pesimistas y roguemos a Dios para que nos ayude a que las buenas noticias lleguen pronto para todos.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 23 de mayo de 2021 No. 1350