Por Jaime Septién

Decía Bertolt Brecht: “Cuando la hipocresía comienza a ser de muy mala calidad, es hora de comenzar a decir la verdad”. La frase es irónica. Y certera. En el medio político –universal y local—la hipocresía, la mentira, el engaño, la verdad a medias, el regateo de la realidad, el “yo tengo otros datos”, ha contaminado de tal manera la vida pública que comienza a ser hora de exigir a los políticos que, por el amor de Dios, empiecen a hablar con la verdad.

Tomo la muestra del 6 de junio. Había 15 gubernaturas en juego y 15 minutos después que cerraron las casillas, 35 o 40 “gobernadores” festejaban “su triunfo”. Es hora de que muchos que perdieron por 20 puntos porcentuales sigan gritando que hubo fraude. Desde luego hubo compra de votos, dinero sucio, compra de conciencias. El culpable no es quien lo recibe, sino aquel que lo ha engañado desde siempre, que lo ha sumido en la miseria, tanto espiritual como material.

La verdad es producto directo de la honestidad. Una virtud que hace tiempo desechamos de la vida política tanto como de la vida diaria. “El que no transa no avanza”. ¡Qué estupidez! Es un “verso satánico” que tenemos que extirpar ¡ya! de las entrañas del país y del correr diario de nuestra vida. Si no vas a hablar con la verdad, mejor no hables.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 20 de junio de 2021 No. 1354