Este domingo 20 de junio se celebró el Día del Padre en once países de Iberoamérica, incluido México. La fecha para este festejo corresponde a la propuesta que hizo el presidente estadounidense Lyndon B. Johnson en 1966, eligiendo el tercer domingo del mes de junio para celebrar a los papás. Otras naciones también celebran a los padres, pero en fechas distintas; por ejemplo, en Europa es más común hacerlo el 19 de marzo, fiesta litúrgica de san José, padre putativo de Jesucristo.

Pero la verdad es que muchas familias no celebran el Día del Padre sencillamente porque la presencia paterna no es parte de sus vidas.

De acuerdo con datos del INEGI, en 2017 se contabilizaban en México 6 millones 140 mil 846 hogares monoparentales; de éstos, en 5 millones 146 mil 911 sólo había mamá pero no papá.

El Censo de Población y Vivienda 2020 mostró que, a nivel nacional, en 33 de cada 100 hogares alguna mujer era reconocida como jefa de la vivienda, que en números equivale a 11 millones 474 mil 983 hogares.

PRINCIPALES CAUSAS DE LA AUSENCIA PATERNA

Haciendo a un lado la muerte del padre, las causas principales de su ausencia en casa son:

  • Padre alejado a causa de la separación conyugal o del divorcio.
  • Padre trabajador migrante, que nunca retorna a su hogar, o que sólo lo puede hacer en temporadas demasiado cortas como para intervenir en la crianza de los hijos.
  • Padre soltero que no se casó con la madre de su(s) hijo(s) y/o que no se hizo responsable, generalmente por falta de madurez.
  • Madre soltera que deliberadamente no quiere casarse y mantiene a distancia al padre de sus hijos.
  • Padre demasiado ocupado, que se convierte en padre nocturno y/o de fin de semana.
  • Padre con presencia física en el hogar, pero cuya intervención en la atención, la crianza y el cuidado de los hijos es tan pobre que éstos realmente carecen de una figura paterna.

LO QUE PUEDE CAUSAR LA AUSENCIA DEL PADRE

Ahora bien, la figura paterna es tan importante en el desarrollo de los hijos que, cuando ésta falta, pueden generarse numerosos trastornos en lo afectivo, en lo cognitivo y hasta en lo corporal; entre ellos:

  • Visión fragmentada o distorsionada de la paternidad.
  • Distanciamiento afectivo.
  • Niños y adolescentes inseguros.
  • Apego a objetos.
  • Problemas de autoestima.
  • Infelicidad y miedo.
  • Depresión y ansiedad.
  • Mayor probabilidad de suicidio.
  • Falta de identidad masculina.
  • Sentimiento de vacío.
  • Trastornos del sueño.
  • Trastornos alimentarios.
  • Dificultades para respetar la autoridad y los límites, y con ello mayor riesgo de convertirse en delincuentes.
  • Abuso de sustancias, drogas.
  • Bajo rendimiento escolar.
  • Aumento del abandono escolar.
  • Mayor probabilidad de crecer en la pobreza.
  • Hijos e hijas pueden verse en la necesidad de asumir responsabilidades económicas desde temprana edad en sus hogares, viendo afectados sus proyectos de vida.
  • Mayor probabilidad de convertirse en padres o madres adolescentes.
  • Las hijas suelen proyectar sus carencias afectivas en sus relaciones de pareja.
  • Hijos e hijas demasiado complacientes con sus respectivas parejas por temor al abandono.
  • Las heridas emocionales por la ausencia del padre pueden persistir por toda la vida.