Por Mónica Muñoz

Se acercan las elecciones y se repite la historia, no sabemos aún a quien le daremos nuestro sufragio porque siempre nos pasa lo mismo: arrancan las campañas políticas y cual más, cual menos, pero todos los candidatos ofrecen lo que creen que queremos escuchar para conseguir la voluntad popular, por eso estamos tan indecisos y decepcionados, y creo que, con justa razón, pues resulta que cuando han logrado obtener el cargo, se les olvidan todos los compromisos adquiridos durante el camino.

Por eso, la incredulidad de los electores va en aumento, y ahora, además, la oferta se ha extendido no solo a los candidatos emergidos de partidos políticos, sino que somos testigos de que se ha desatado una ola de candidatos independientes que nos deja peor que antes, porque ante la esperanza que despierta que alguien “libre” de ataduras partidarias llegue al puesto y que las cosas ahora sí cambiarán, nos encontramos ante una realidad completamente distinta, salvo honrosas excepciones de algunos que verdaderamente se dedican a trabajar por lo ofrecido, la mayoría queda deslumbrada por el poder efímero que sienten que deben aprovechar y sus resultados en los tres o seis años que dura el cargo, son escasos.

Por tal causa no es extraño encontrarnos de frente con el verdadero enemigo de la democracia: el abstencionismo, el cual hace presencia tomando en sus manos el rumbo del país, porque si realmente todos los empadronados acudieran a las urnas, no dejaría de sorprendernos el efecto. ¿Se imaginan qué pasaría con las elecciones si los casi 94 millones de ciudadanos que tiene registrada la lista nominal del Instituto Nacional Electoral ejercieran su voto? Y más aún ¿Qué pasaría si todos diéramos seguimiento a los trabajos de cada funcionario de gobierno elegido por nosotros?… Pues no les quedaría más remedio que dedicarse a lo suyo y dejarse de corruptelas.

Sin embargo, estamos perdidos en un ambiente de indiferencia y desilusión, por eso, urge que nos despabilemos y comprendamos el inmenso poder que tiene el electorado, si no, ¿por qué se molestarían los partidos en poner como candidatos a personajes populares, que puedan tener más posibilidades de alcanzar la aceptación de la gente? Además de que se desviven en dádivas con las personas de escasos recursos, pretendiendo comprometerlos para que les correspondan en las urnas.

Es tiempo de que dejemos la apatía de lado y generemos un verdadero ejercicio democrático, haciendo conciencia no únicamente sobre las personas que estarán contendiendo en las elecciones, porque quizá pareciese buena idea elegirlas sin importar el partido al que pertenezcan, sin embargo, como dirían las abuelas, “no se mandan solas”, cada candidato debe responder al partido que lo ha proyectado, aunque no le guste, así es que no funciona del todo bien ese sistema.

Es necesario conocer las propuestas y la ideología del partido, además de hacer una revisión a las notas periodísticas de los últimos meses para sopesar quien ha cumplido mejor con las expectativas del pueblo, solo así estaremos seguros de que nuestro voto no será desperdiciado en un candidato que nada hará para cambiar la situación de México, de nuestro estado y nuestro municipio.

Recordemos que nuestro sistema político está fundamentado en la división de poderes, por eso no es correcto creer que el que encabeza alguno, ya sea el ejecutivo, el legislativo o el judicial, puede hacer lo que se le venga en gana. Es responsabilidad de todos los gobernantes actuar de acuerdo con la voluntad popular, por eso, es sumamente importante que ejerzamos presión mediante los recursos legales a nuestro alcance, y uno de ellos, es el voto, no son reyes que toman posesión, son gobernantes que serán empleados de México, pagados con nuestros impuestos, no lo olvidemos y acudamos puntualmente a votar el próximo 6 de junio. Y, por supuesto, pasemos la voz y motivemos a nuestros jóvenes y miembros de nuestras familias a participar de este momento histórico para nuestro país.

Que tengan una excelente semana.

TEMA DE LA SEMANA: “UNA ELECCIÓN, DOS CAMINOS”

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 30 de mayo de 2021 No. 1351