En los grandes espacios del complejo San Galicano, en el corazón de Trastevere, se ha inaugurado el centro de vacunación de la Comunidad de San Egidio en Roma. Muchos voluntarios –médicos, enfermeras, secretarías– se han ofrecido para crear el primer polo de vacunación en esta ciudad para personas que habrían quedado excluidas de la campaña de inmunización porque no tienen hogar, son inmigrantes aún no regularizados, o personas mayores que solas no podrían acceder a la vacuna.  GALERÍA DE FOTOS

“La apertura de este polo de vacunación es para ayudar a los últimos”, afirma Marco Impagliazzo, presidente de la Comunidad.

“Aún hay miles de personas viviendo en la calle, que no tienen una dirección fija. Estas personas no pueden vacunarse a través  del sistema público establecido, pero son contactados a través de la red que la Comunidad de San Egidio ha entretejido desde hace años con los pobres y en la periferia.

El comisario especial de la República Italiana para la emergencia Covid-19, el general Francesco Paolo Figliuolo, participó en la inauguración del centro:

“Estamos todos aquí en San Egidio –dijo– para no dejar a nadie atrás y hacer algo por los menos afortunados, todos tenemos el mismo derecho a recibir una vacuna proporcionada del modo adecuado”.

“Aquí hay médicos, enfermeras, trabajadores de la salud que donan parte de su tiempo libre por una causa y por el bien común de forma totalmente gratuita ”, continuó el general Figliulo.

Al mismo tiempo recordó que quien viene aquí para vacunarse  recibe un folleto con un número de teléfono al que puede llamar de día y de noche y al que responde un operador ante cualquier eventualidad.

“El médico siempre está listo en los casos en que sea necesario intervenir por personas que no tendrían otra manera de hacer oír su voz ”, indicó el general encargado de coordinar la campaña de vacunación en Italia.

El centro estará abierto los martes y jueves durante todo el verano y en los meses siguientes.

La Comunidad de San Egidio fue fundada por Andrea Riccardi en Roma en 1968,​ a la luz del Concilio Vaticano II. Es una asociación pública de laicos que se caracteriza por promover encuentros internacionales de oración por la paz con carácter ecuménico.​ La Comunidad fue reconocida por su lucha contra el VIH/sida,​ y a favor de la abolición de la pena de muerte.​