Gaby Jacoba lleva 25 años dedicada a la sanación interior. Todo este trabajo, centrado en ella misma y en los demás, ha rendido diferentes frutos que se traducen en talleres, conferencias y en el Instituto “Sanando mi corazón”. Ahora presenta un nuevo proyecto que nace durante la pandemia: el libro Sanando mi corazón, un trabajo que tuvo sus momentos de dudas, pero que con la inspiración correcta hoy es una realidad.

Por Rubicela Muñiz

Gaby, a las tantas metas que has alcanzado hasta ahora le sumas un libro, que además se centra en vivencias personales, concretamente en tu proceso de sanación, ¿cuál fue la experiencia que inspiró este trabajo?

▶ El proceso de sanación que inspiró este trabajo se remonta a mi infancia. Llevé una infancia sumamente complicada y a los 13 o 14 años empiezo una búsqueda de mi sanación, de darle un sentido a mi dolor, a las vivencias que lamentablemente tuve que cruzar. De de ahí empiezo un proceso personal que me llevó de 10 o 15 años. Con todo este caminar me iba dando cuenta lo importante que era para la vida, y para todos los ámbitos, tener una salud interior, un corazón libre, un corazón sano.

Este libro es la recopilación de parte de mis vivencias, es un método que Dios me inspiró a desarrollar, un método cristocéntrico, autodidacta en el sentido de que es un encuentro contigo mismo de la mano de Jesús, que te lleva a profundizar en tu relación con Dios. Este libro es un caminar muy profundo de tu corazón de la A a la Z, puede ser un proceso para conocerte, para identificar las heridas, para procesarlas y transformar áreas de tu vida; es un proceso para renacer. Este libro no habla de mí, es un método cristocéntrico, centrado en su amor, en los sacramentos y con una parte psicológica; hay un equilibrio entre el encuentro espiritual y el encentro humano con lo que son tus emociones.

Hay distintas maneras de sanar las heridas, pero tú decidiste reconstruirte desde la fe, ¿por qué?

▶ Recuerdo que cuando yo era niña había una imagen de Jesús a la que le platicaba lo que me pasaba y en esa relación con Jesús encontraba mucha paz, mucha tranquilidad. Después llegó un momento en que pude ir a terapia psicológica y se la llevaba a Dios. Dios me fue llevando para trabajar con ambas cosas, para mí era muy natural ir y hablar con Él. A mí me gusta la frase “nada es imposible para Dios” y yo decía: “Si nada es imposible para Dios, nada es imposible de sanar”. Entonces, todo mi proceso se lo llevaba a Él. Este es un método donde el doctor es Él, pero también necesita de tu acción. A veces queremos dejar que Él haga todo, pero debemos colaborar con la gracia.

¿Qué le ocurre a una persona que no sana sus heridas?

▶ El centro del ser humano es su corazón, de donde surgen sus sentimientos, sus emociones, su voluntad, y si ese corazón está herido, lastimado o dañado, todo lo que surja de ahí estará igual. Si no hay un proceso de sanación todo se arrastra. Por ejemplo, cuando una madre o un padre repiten los errores con sus hijos, esas heridas, de manera inconsciente, seguirán estando presentes en futuras generaciones. La curación interior es básica para la plenitud. Si no tenemos un corazón sano todos los diferentes caminos para amar van a estar lastimados.

¿Cuál es el primer paso para comenzar a sanar?

▶ Es el deseo de decir “quiero empezar a sanar, quiero dedicar el tiempo a esto”, porque así como le dedicamos un tiempo por ejemplo al ejercicio, es importante recordarle también disciplina y constancia a nuestro corazón.

Reconocer nuestros problemas es el primer paso, decir: “deseo sanar, admito que tengo heridas”, va totalmente de la mano con acercarse a Dios. Debemos buscar darle al corazón, al interior, a tu historia el espacio para sanar, para estar bien, porque mereces ser feliz y mereces sentirte pleno interiormente.

Gaby, a manera de resumen, es importante reconocer que somos barro, que nuestras heridas no serán para siempre y que podemos ponernos en las manos de nuestro alfarero.

▶ Este ejemplo del alfarero a mí me encanta. En Dios nada es imposible de sanar. Yo sé que a veces hay historias muy complicadas, muy dolorosas, historias de niños que vivieron cosas que no tenían que vivir y ya como adultos piensan que no tiene solución, y yo les digo que en Dios nada es imposible, nada es imposible de sanar, pero necesita de nuestra acción, nuestro sí. Debemos decir: “voy a rescatarme, merezco estar en paz, merezco ser feliz”. Jesús es ese alfarero que nos renace si ponemos nuestro corazón en sus manos para que lo sane y lo libere de la forma en que Él sabe.

Espéralo

» El libro Sanando mi corazón estará disponible en México a finales de julio y principios de agosto de este 2021 en su versión impresa y digital.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 4 de julio de 2021 No. 1356