En el siglo XV el ex agustino Martín Lutero, como consecuencia lógica del rechazo a sus votos religiosos de pobreza, castidad y obediencia, defendió que el estado matrimonial es superior al celibato y la virginidad.

Por supuesto, la vida conyugal es magnífica, tanto así que Dios estableció para ésta el sacramento del Matrimonio, en vías a la santidad. Pero la virginidad consagrada o celibato por causa de Cristo es superior, como se desprende leyendo completo el capítulo 7 de la Primera Carta a los Corintios.

Al respecto, el concilio de Trento declaró: “Si alguno afirma que el matrimonio debe preferirse a la virginidad o al celibato y que no es cosa mejor y más feliz permanecer virgen o célibe que unirse en matrimonio, sea anatema”.

En 1954 Pío XII publicó la encíclica Sacra virginitas para rechazar el mismo error protestante, que se estaba infiltrando dentro de la Iglesia. Y en 1975 la Congregación para la Doctrina de la Fe ratificó la superioridad del celibato sobre el matrimonio.

TEMA DE LA SEMANA: “LA PUREZA EN NUESTROS DÍAS TIENE MUY POCA Y MUY MALA PRENSA”

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 4 de julio de 2021 No. 1356