«Dios es rico en misericordia, por Su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, ¡por gracia hemos sido salvados!» Ef. 2, 4-5

Por Paola Gomez Alvear

Hace unas semanas, mi Papá Dios me dio una luz en mi oración. En medio de nuestro diálogo le preguntaba: ¿Cómo es qué con mi debilidad, fragilidad, dificultad, falta de fe, miedo, dudas o incertidumbre me puedo presentar ante Ti?

No parece la mejor forma de presentarme ante mi Papá, ¿verdad? Pero, a veces, como tú, también me siento indigna para acercarme. En ocasiones siento que nos quiere “perfectos”, cuando en realidad nos quiere humildes, disponibles de corazón para presentarnos tal y como somos.

Y en esa oración recordé su palabra: «Mi misericordia es nueva cada mañana, fiel y eterna» Lam 3, 22-23. Así es, “pon tu miseria en mi corazón”, dice el Padre “porque es tierra fértil para mí”, pues todo aquello que para ti “es desechable” para mí es oportunidad para hacerlo nuevo (Apoc 21,5).

¿Sabías que humilde, viene de la palabra humus que es toda aquella materia orgánica “inservible” que es usada para que haya un mejor suelo y/o tierra fértil? ¡Eso hace Dios en nosotros: toma nuestra miseria y la convierte en tierra fértil para Él!

¿Qué tanto estamos dispuestos y abiertos a entregar nuestra miseria a Dios Padre para que Él la abrace, la sane, la limpie y la transfigure? Y, ¿qué tanto nuestra voluntad pone los medios (oración y actos concretos) para que así sea?

Ese es el deseo de Dios Padre siempre: acoger nuestra miseria que transformará en gracia para así poder aprender a acoger la miseria del otro, como tierra fértil, no como algo descartable y/o desechable.

Padre, enséñanos amar como Tú nos amas, con toda nuestra miseria y humanidad, desde nuestras carencias y debilidades, para que sea Tu gracia la que crezca y actúe a través de nuestras vidas.

Amén.

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Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 18 de julio de 2021 No. 1358