La Iglesia celebra cada 6 de julio la festividad de santa María Goretti (1890-1902), la adolescente muerta a los 11 años y 9 meses de edad por causa de su agresor sexual. A ella se le conoce como “mártir de la pureza”, ya que no aceptó tener relaciones ilícitas: “¡No! ¡Es un pecado! ¡Dios no lo quiere!”, le gritaba al joven atacante, y le dijo que prefería morir antes que consentir, por lo que él la apuñaló 14 veces.

Pero el suyo no es el único caso de defensa heroica de la pureza; hay más admirables mujeres adolescentes o jóvenes, como son las santas Pelagia de Antioquía, Tomaide de Egipto, la germana Saturnina de Arrás, Solange de Bourges y la francesa Belina de Landreville; la beata polaca Carolina Kózka; las mexicanas María de la Luz Cirenea Camacho González, Coleta Menéndez Torres y María de San José Parra Flores; la brasileña Isabel Cristina Mrad Campos; la rumana Verónica Antal y la eslovaca Anna Kolesárová, entre otras.

Y también entre los adolescentes y jóvenes varones, como son san Pelayo de Córdoba, de 14 años, y san Carlos Lwanga y sus compañeros mártires, estos últimos condenados a muerte por negarse a mantener relaciones homosexuales con el rey de Uganda.

Pureza infravalorada

En cambio, en la sociedad actual la pureza está completamente infravalorada, por lo que la virginidad ya no se ve como un don a preservar sino más bien como un motivo de vergüenza.

Y el hecho de que tantos jóvenes de todos los tiempos —canonizados o no— hayan sido capaces de aceptar la muerte con tal de proteger su pureza, no puede sino indicar que ésta tiene un valor importantísimo para Dios, aunque hoy escape a los ojos del mundo.

Por tanto, el testimonio de santa María Goretti y los demás santos vírgenes es más urgente que nunca.

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: “LA PUREZA EN NUESTROS DÍAS TIENE MUY POCA Y MUY MALA PRENSA”

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 4 de julio de 2021 No. 1356