En 2012 la senadora francesa Chantal Jouanno presentó una iniciativa de ley contra la hipersexualización infantil, de manera que no se pueda utilizar a menores de 16 años para ser la imagen de una marca comercial. Esto porque en 2011 la revista Vogue utilizó a niñas de entre 5 y 7 años de edad para un reportaje en el que las pequeñas aparecían posando en actitudes provocativas, vestidas y maquilladas como si fueran supermodelos.

En agosto de 2020 la UNICEF, en su página web, manifestó su preocupación por la difusión por redes sociales de imágenes con contenido sexual que involucra a infantes y adolescentes, e hizo un llamado a la sociedad y a los medios de comunicación para proteger a los menores.

Igualmente, en el blog del gobierno federal mexicano hay un artículo titulado “¿Cómo afecta la hipersexualización a niñas, niños y adolescentes?”, el cual insta a respetar en los niños y adolescentes el “derecho a vivir la etapa de desarrollo que les corresponde de forma sana y progresiva”.

Estos tres ejemplos pueden hacer pensar que la cosa va por buen camino en cuanto a que ya se están tomando cartas en el asunto. Sin embargo, la realidad es muy distinta, ya que los propios gobiernos y organismos internacionales están estimulando la hipersexualización infantil, por ejemplo, a través de la “educación sexual”.

Así, en México, la SEP empuja a que niños y adolescentes “exploren” su sexualidad. En el libro de Ciencias Naturales para 6º año del ciclo escolar 2016-2017 ya se enseñaba a los menores que “existen medidas para tener relaciones sexuales de una manera responsable, sin las consecuencias de un embarazo no planeado”; agregaba que “un método anticonceptivo es el que impide o reduce la posibilidad” de tal embarazo; mas con ello reconocía que en dichos métodos no hay garantía total para evitar la paternidad prematura, y aun así no invitaba a la abstinencia sexual. Y en el libro de Biología de 1º de secundaria del ciclo 2018-2019 proponía la práctica de la masturbación y del erotismo, y enseñaba y promocionaba la homosexualidad y la bisexualidad.

Hay tantos ejemplos de conductas dañinas de gobiernos, corporaciones, medios de comunicación, redes sociales, etcétera, que queda claro que los niños no pueden ser protegidos de la hipersexualidad, salvo por sus propios padres.

TEMA DE LA SEMANA: CUIDAR EL PARAÍSO; DEJAR A LOS NIÑOS SER NIÑOS

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 25 de julio de 2021 No. 1359