Entre los muchos daños a los que hoy están expuestos los menores de edad, tanto varones como mujeres, es a la hipersexualización.

A nivel general, la sexualización o hipersexualización se basa en otorgar un valor social a la persona en relación con el nivel de deseo sexual que es capaz de despertar en los demás. Esto significa que a una persona considerada como sexualmente deseable o atractiva se le atribuye directamente un mayor valor o prestigio social que a una que no lo es.

En el caso concreto de la hipersexualización infantil, el concepto fue definido por primera vez en el Informe Bailey, realizado en Reino Unido en el año 2001, y dice así: “Es la sexualización de las expresiones, posturas o códigos de vestimenta considerados como excesivamente precoces”.

Más sencillo: la hipersexualización infantil promueve el erotismo en los niños y los encamina a que actúen como una especie de “adultos pequeños”, en un proceso que obviamente no es natural y que, además, afecta su salud mental. De acuerdo con diversos psicólogos infantiles, este fenómeno puede llevar a los menores de edad a experimentar enfermedades como ansiedad, depresión, insatisfacción corporal y trastornos alimenticios tales como anorexia y bulimia.

CUANDO YA NO ES UN JUEGO

Es cierto que todo infante normal juega a ser grande. De hecho, se considera que el juego simbólico es importante en su desarrollo socioemocional; niños y niñas pueden imaginarse en papeles que tienen que ver con la vida adulta: médicos, bomberos, mecánicos, científicos, padres o madres, policías, chefs, etc.

Igualmente un niño puede ponerse una corbata, un saco y zapatos de su padre para simular que ya es grande; y una niña puede jugar con maquillaje o ponerse tacones o ropa de mamá.

El problema es cuando esto pasa de ser sólo un juego a convertirse en una preocupación por buscar la aceptación de los demás a través del aspecto personal.

ESTO ES LO QUE SE VE

¿Cómo percibir si un niño o niña está hipersexualizado? En general, manifiesta una excesiva preocupación por lucir hermoso; utiliza ropa o accesorios que son principalmente para adultos; antes que jugar prefiere pasar el tiempo en conversaciones sobre la farándula, la moda, las dietas y los romances. Suele tener obsesión por lucir delgado. Y es común que tenga un nivel de actividad significativa en las redes sociales, inclusive en aquellas que exigen mayoría de edad, y que suba muchas fotos suyas.

Las niñas suelen ser, con mucho, las principales víctimas del fenómeno de hipersexualización. Hoy es muy común encontrar a pequeñitas totalmente obsesionadas en lucir hermosas, ser populares y conseguir la mayor cantidad de “likes” o seguidores en las redes sociales. Y, por desgracia, cada vez hay más madres que llevan a sus hijas a concursos de belleza infantil desde que prácticamente son bebés.

EL DINERO ESTÁ DETRÁS

No habría tanta hipersexualización infantil sin la intervención de la industria, pues ésta ha visto en las niñas la forma de ganar millones en los países occidentales a través de spas, ropa, maquillaje y hasta cámaras de bronceado, todo ello destinado a las menores.

La industria sabe que las niñas son fácilmente manipulables a cualquier estímulo que las haga sentir bellas, princesas, modelos y estrellas, y se vale del cine, la televisión, los videojuegos y los anuncios comerciales para normalizar la hipersexualización infantil.

ES VIOLENCIA

Este fenómeno no es otra cosa que una forma de violencia infantil, porque arrastra a niños y adolescentes a convertirse en “objetos” que han de ser vestidos y manipulados para ganar aceptación, lo que construye una falsa autoestima y genera individuos frágiles. Sobre todo, les roba su infancia porque les impide pensar y vivir como niños.

TEMA DE LA SEMANA: CUIDAR EL PARAÍSO; DEJAR A LOS NIÑOS SER NIÑOS

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 25 de julio de 2021 No. 1359