«Estén siempre alegres, oren sin cesar, den gracias a Dios en toda situación, porque ésta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús», 1a Tes. 5, 16-18

Por Brenda Montemayor / www.elarbolmenta.com

Hace unas semanas, mientras luchaba por querer hacer todos mis pendientes del día (entre ellos: orar, acomodar ropa, arrullar a mi bebé, ir con mis amigas, correr, leer, contestar mensajes, vender mis productos, simplemente poder tomar un baño…), el sentimiento me invadió por no tener aquel tiempo para hacer “mis cosas”.

Y vino a mi mente cómo empezó mi historia con Leonel, mi esposo.

Fue hace 9 años, quedamos de vernos en la Parroquia Don Bosco. Ese día encomendé nuestra amistad a este santo. Leo y yo solíamos asistir a Misa en esta iglesia y de ahí salíamos a pasear.

No imaginaba que más adelante él me pediría ser su novia, pero al recordar aquel momento pensé en la alegría que Dios me regalaba, quizá esa alegría que hoy de pronto puede ir menguando, entre el estrés de cada día y la cotidianidad.

Al instante, una fuerza interior me llenó y Él me dijo: “ofrece este momento y ora ahí donde estás y recuerda: Toma la alegría como bandera”.

Cambié mandar mil correos en la oficina por cortar 60 uñitas a la semana, preparar 35 menús distintos, inventar juegos. Cambié el mar de una playa europea por el escenario de mi patio y las cajas de pañales de Amazon por una nave espacial (donde claro, los tripulantes son mis hijos).

Mi tiempo de alabanza y adoración frecuentemente se resume en esto, y no está mal, al contrario, esto es hacer vida en mi vocación, es hacer vida mis peticiones, es sentirme fortalecida al ver que aquello por lo que oré hace 9 años, hoy lo estoy viviendo.

Renuncié a un futuro “prometedor” por un presente donde Él me invita a ser protagonista junto con mi familia, en el cual no hay reconocimiento como la arena profesional lo da. Donde el mayor reconocimiento es el cansancio, en el que el Señor que me dice muy bajito al final del día: “lo estás haciendo perfecto”, o esas sonrisas y abrazos que me dicen: “Te amo”. Esos son los logros y victorias que no se comparan con nada.

El día a día como mamá, esposa, profesionista, no es fácil, ¡somos tan vulnerables! Pero siempre podemos optar por la alegría en medio del caos. Es importante hacer esa elección a cada instante.

Estar alegres en cada momento, en medio de nuestra cotidianidad, puede parecer un reto. Pero si nos detenemos tantito a meditar sobre la gracia de Dios en nuestra vida, encontraremos quizá las respuestas a tantas preguntas que nos hemos hecho antes… empezaremos a descubrir la verdadera felicidad.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 5 de septiembre de 2021 No. 1365