La visión que tenían los franciscanos en el siglo XVI era acorde con lo que escribió san Juan en su primera carta: “El mundo entero yace en poder del Maligno” (I Juan 5, 19). También con lo que escribió san Pablo: “Nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino (…) contra los Espíritus del Mal” (Efesios 5, 19). Y con la misión de Cristo: “El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del Diablo” (I Juan 3, 8).

Por eso se veían como enviados a América para disipar el reinado de las tinieblas.

Así describió fray Jerónimo de Mendieta la función franciscana en tierras americanas: “Lidiar de la cabeza del dragón infernal las ánimas redimidas con la preciosísima sangre de nuestro Señor Jesucristo y que, engañadas con la astucia de Satanás, viven en las sombras de la muerte (…), detenidas por el yugo del cautiverio de Satanás, con la ceguera de la idolatría”. Efectivamente, Deuteronomio 32, 17 y Apocalipsis 9, 20 relacionan a los dioses falsos con demonios.

Pero los frutos de la evangelización no fueron fáciles. Si bien algunos indígenas rápidamente se convirtieron de corazón a Cristo, muchos otros se resistieron, generalmente mediante la inercia, y otras veces con casos de hostilidad más abierta Hubo muchos evangelizadores mártires; entre ellos los franciscanos fray Bernardo Cossin, fray Pablo de Acevedo, fray Juan de Herrera y fray Juan de Tapia.

En Tlaltenango, Zacatecas, indígenas paganos amenazaron a los ya cristianos: “Somos mensajeros de Tecoroli; él va a venir en busca vuestra, (…) os va a hacer saber que en él debéis creer y no en Dios, so pena de no poder ver ya la luz y ser devorados por las fieras; los que crean en él y renuncien a las enseñanzas de los frailes para seguirle, no sufrirán, no morirán jamás, volverán a ser jóvenes, podrán tener todas las mujeres que quieran, y no una sola como les mandan los frailes (…); el que se contente con una sola mujer morirá inmediatamente”.

Y no faltaron en la Nueva España los falsos conversos, que ocultaban sus ídolos tras las cruces, o en los altares de las iglesias, y que celebraran sus cultos paganos a escondidas, dentro de cuevas.

TEMA DE LA SEMANA: LA VISIÓN FRANCISCANA DEL NUEVO MUNDO

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 3 de octubre de 2021 No. 1369