Las sociedades han anhelado en todas las épocas un sistema que les permita vivir en paz, en justicia y sin sobresaltos. Y para ello se han ideado los sistemas de gobierno y las ideologías políticas. Pero el hecho es que la humanidad ha fracasado y seguirá haciéndolo. Ni siquiera la democracia es garantía de nada, porque el hecho de que la gente se ponga de acuerdo no significa que haya optado por lo que es moralmente lícito —una sociedad democrática puede, por ejemplo, legalizar el aborto, el infanticidio, la eutanasia, etc.—, y, en tal caso, la sociedad que construya no será una sociedad justa.

Pero los profetas del Antiguo Testamento anuncian que el mundo soñado, de paz y justicia, sólo Dios lo puede hacer y que, de hecho, lo hará. Sin embargo, también anuncian que, para llegar a ello, la humanidad tendrá que cruzar un difícil camino.

DIOS REVELA SU PLAN

Dice el Señor: “Yo anuncio desde el principio lo que viene después y desde el comienzo lo que aún no ha sucedido” (Isaías 46, 10).

“Nada hace el Señor Yahveh sin revelar su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3, 7)

LOS FALSOS PROFETAS

Entonces hay que recurrir a los profetas para entender lo que sucede y lo que sucederá. ¡Pero cuidado con los falsos profetas!

“Es un pueblo terco, criaturas hipócritas, hijos que no aceptan escuchar la instrucción de Yahveh; que han dicho a los videntes: ‘No veáis’; y a los visionarios: ‘No veáis para nosotros visiones verdaderas; habladnos cosas halagüeñas, contemplad ilusiones’” (Isaías 30, 9-10).

“Así dice Yahveh Sebaot: No escuchéis las palabras de los profetas que (…) os cuentan sus propias fantasías, no cosa de boca de Yahveh. Dicen a los que me desprecian: ‘Yahveh dice: ¡Paz tendréis!’ y a todo el que camina en terquedad de corazón: ‘No os sucederá nada malo’”(Jeremías 23, 16-17)

En cambio, a quienes Dios envía, el mundo los llama “profetas de desgracias” o “profetas de mal agüero” a fin de desacreditarlos. Los verdaderos profetas siempre han sido despreciados y perseguidos porque la sociedad no quiere escuchar advertencias, sino permanecer cómodamente instalada en su pecado.

PURIFICACIÓN

Dios revela a través de los profetas que los acontecimientos malos que le sobrevienen a una sociedad —epidemias, hambre, guerras, invasiones, catástrofes naturales, etc.— siempre se deben, en última instancia, al pecado; y Dios los permite como una purificación necesaria a fin de llevar a esa sociedad hacia el reconocimiento de sus culpas y a la conversión.

“Tu proceder y fechorías te acarrearon esto; tu desgracia te ha penetrado hasta el corazón porque te rebelaste contra Mí” (Jeremías 4, 18). “Si aceptáis obedecer, lo bueno de la tierra comeréis. Pero si rehusando os oponéis, por la espada seréis devorados, que ha hablado la boca de Yahveh” (Isaías 1, 19-20).

APOSTASÍA

Dios anuncia en el Nuevo Testamento que vendrá una apostasía como nunca antes, generalizada. Y ya desde el Antiguo Testamento hace saber que se “abolirá el sacrificio perpetuo y pondrán allí la abominación de la desolación” (Daniel 11, 31), situación que durará tres años y medio (ver Dn 12, 11). El sacrificio perpetuo es, sin duda, el Santo Sacrificio de la Misa.

EL DÍA DE YAHVHEH

Entonces Dios intervendrá con lo que los profetas llaman el Día de Yahveh.

“Porque está cerca el Día de Yahveh para todas las naciones. Como tú has hecho, se te hará: sobre tu cabeza recaerá tu merecido” (Abdías 1, 15). “Porque así dice Yahveh: Desolación se volverá toda la tierra, aunque no acabaré con ella” (Jeremías 4, 27). En parte será una purificación por medio del fuego (ver, por ejemplo, Isaías 66, 15-16 y Joel 2, 1-3).

SÓLO EL RESTO FIEL

Pero no todos se convertirán a Dios: “Muchos serán lavados, blanqueados y purgados; los impíos seguirán haciendo el mal; ningún impío comprenderá nada” (Daniel 12, 10). Los que ya son buenos y los que se arrepientan de sus pecados y se conviertan son llamados el Resto (por ejemplo, en Jeremías 23, 3 y 31, 7 e Isaías 10,20-23).

Ellos serán los sobrevivientes; pero de los malos “no quedará raíz ni rama” (Malaquías 3, 19).

SOCIEDAD DE PAZ Y JUSTICIA

Habrá entonces “cielos nuevos y una tierra nueva” (Isaías 65, 17), con una sociedad de paz y justicia (ver Isaías 1, 26), “porque se habrán terminado los tiranos” (Isaías 29, 20). No volverá a ver guerras (ver Isaías 2, 4) ni hambre ni servidumbre: “Edificarán casas y las habitarán, plantarán viñas y comerán su fruto. No edificarán para que otro habite, no plantarán para que otro coma” (Isaías 65 21-22)

“Habrá gozo y regocijo por siempre jamás por lo que voy a crear. Serán raza bendita de Yahveh ellos y sus retoños con ellos” (Isaías 65, 18. 23).

TEMA DE LA SEMANA: EL PENSAMIENTO DE LOS PROFETAS: ¿SU VOZ SIGUE EN EL DESIERTO?

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 24 de octubre de 2021 No. 1372

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