Por P. Prisciliano Hernández Chávez, CORC.

La revista Forbes, año con año, nos da la lista de los millonarios más acaudalados del mundo. Uno de ellos, Elon Musk, multimillonario creador de Tesla, -la compañía pionera en autos eléctricos y dueño de otras empresas de alta tecnología, como Space X, Neuralink y the Boring Company, ante el hambre del mundo hizo esta propuesta para acabar con ella: donar 6 mil millones de dólares con la condición de tener la certeza de que serían aplicados adecuadamente. Hoy por hoy, es el hombre más rico del mundo, superando a Jeff Bezos el fundador de Amazon, con una fortuna estimada en 188,500 millones de dólares. Esta iniciativa llama la atención y podría suscitar el mover los capitales de otros multimillonarios en favor del pobre, para no apartar el rostro de él, como lo señala el libro de Tobías: “Debes dar limosna de lo que tengas, cuando la des, no seas mezquino. Cuando veas a un pobre, no le des la espalda, y Dios no dejará de atenderte. Darás limoná según la cantidad de tus bienes… La limosna es una ofrenda preciosa en presencia del Altísimo.” (4, 7b.8a.11).

Parece ser otro el espíritu que excluye la preocupación por ‘el otro’, el carente de medios y de subsistencia. Según Alain Badiou en el prólogo a la obra Byung -Chul Han ‘La Agonía del Eros’, señala: “Es el individualismo contemporáneo, la preocupación por referirlo todo a su precio en el mercado, a la dimensión del interés con el que hoy se organiza el comportamiento de los individuos”. No se tiene el coraje del anonadamiento de sí mismo para descubrir al otro; el interés es más bien la aprobación y la satisfacción narcisista. Es el gran elogio a la alteridad como crítica severa al sujeto moderno agotado, individualizado, “narcisista depresivo” (Cf págs. 9,10,14).

Nadie tiene ojos para ver la limosna de la pobre viuda del evangelio; Jesús es empático con ella y lo hace notar a sus discípulos: “Esta pobre viuda ha echado en la alcancía más que todos. Porque los demás han echado de lo que les sobraba, pero ésta, en su pobreza ha echado todo lo que tenía para vivir” (Mc 12, 41-44).

En esta acción de la viuda pobre podríamos descubrir un trasfondo cristológico. Cristo Jesús, ‘se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza’, como lo enseña san Pablo; es decir, en su condición humana, varón de dolores, despreciado por los hombres se anonada a sí mismo en la pasión y muerte, como ofrenda al Padre y causa de la salvación de toda la humanidad. En su misterio pascual que implica ese aniquilamiento y también esa glorificación, como lo contemplamos en la Carta a los Filipenses, 2,1-11. En la parte, está el todo. Más que una anécdota ilustrativa, el contemplar el misterio de su anonadamiento en dirección vertical al Padre y en dirección horizontal, para todos los necesitados de  misericordia.

En este trasfondo, podemos visualizar el aterrizaje de la Doctrina Social de la Iglesia; es el florecimiento del Evangelio de Jesucristo, nuestro Señor, en las cuestiones contemporáneas propiciadas por los desarrollos industriales, tecnológicos, empresariales y del mundo de los empleados y trabajadores. 1)El principio del ‘bien común’; se ha de buscar favorecer a todos, y no solo a mi grupo afín o a mis proyectos que excluyen a alguna comunidad humana; se trata de apoyar a todos. “Una sociedad que, en todos sus niveles, quiere positivamente estar al servicio del ser humano es aquella que se propone como meta prioritaria el bien común, en cuanto bien de todos los hombres y de todo hombre” (Cat Ig Cat 1912). 2) El principio de ‘la dignidad de la persona humana’; es inaceptable que una ideología de derecha ofensiva o de izquierda insensata, substituyan a quien tiene que ser el centro de nuestra atención y cuidado: toda la persona humana, desde el inicio de su concepción, pasando por todas sus etapas humanas, hasta la muerte natural. “Puesto que en el rostro de cada hombre resplandece algo de la gloria de Dios, la dignidad de todo hombre ante Dios es el fundamento de la dignidad del hombre ante los demás hombres” (G et Sp 29). 3)El principio de ‘solidaridad’, existe una correlación entre las personas y por eso debe existir esa preocupación por ‘el otro’, en todos los campos.  “La solidaridad confiere particular relieve a la intrínseca sociabilidad de la persona humana, a la igualdad de todos en dignidad y derechos, al camino común de los hombres y de los pueblos hacia una unidad cada vez más convencida” (Doc Soc de la Ig 192). Se da hoy más que nunca esa interdependencia entre los hombres y entre los pueblos en todos los niveles, como desgraciadamente lo hemos vivido y padecido en la ‘pandemia que nos aqueja. 4) El principio de ‘subsidiaridad’, “…todas las sociedades de orden superior deben ponerse en una actitud de ayuda (subsidium)-por tanto, de apoyo, promoción y desarrollo-respecto de las menores” (Comp de Doc Soc de la Ig 186).

Estos principios básicos de la Doctrina Social de la Iglesia, -floración contemporánea del Evangelio, nos pone en el camino para valorar lo humano y aquilatar los social y promover lo  justo. Estos principios son parte de un todo; son interdependientes y forman un tejido inconsútil.

Enriquecemos estos planteamientos con textos autorizados, de gran relevancia: “Los exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano” (Papa Francisco en E.G. 58); “Al ser todo hombre parte de un Estado, es imposible que sea bueno si no vive en consonancia con el bien común”.

(Sto. Tomás de Aquino, Sm Th I-II, q 92, art 1, r.3); “El bien común de la ciudad no es la simple colección de  bienes privados ni el bien propio de un todo… que solo beneficia a ese todo sacrificándole las partes. Es la conveniente vida humana de la multitud, una multitud de personas” (Jaques Maritain, 1982-1973); “Este hombre es el primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misión, él es el camino primero y fundamental de la Iglesia, camino trazado por Cristo mismo, vía que inmutablemente conduce a través del misterio de la encarnación y de la redención” (San Juan Pablo II, R.H.); “Amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él, junto al bien individual, hay un bien relacionado con el vivir social de las personas: el bien común. Es el bien de ese ‘todos nosotros’ formado por individuos, familias y grupos intermedios que se unen en comunidad social”. (Benedicto XVI, Car in Ver 7).

El rostro de Cristo, es el rostro del pobre, su verdadera imagen, – vera eikon.

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