Entrevista con Alejandro Soriano Vallés, el mayor especialista católico en estudios sobre la poeta y religiosa mexicana. Su raíz católica le ha hecho comprender la dimensión religiosa de Sor Juana, a despecho de las voces más encumbradas de la literatura mexicana que han querido ver en la “Décima Musa” una rebelde incomprendida, una revolucionaria aquietada por los autoritarismos eclesiásticos de la época.

Por Jaime Septién

Alejandro, ¿alguna vez se ha pensado abrir el proceso de beatificación de Sor Juana?

▶R Sí, en 2009 me buscaron de la Oficina de Comunicación Social de la Arquidiócesis Primada de México para decirme que el cardenal Norberto Rivera estaba muy interesado en ver la posibilidad de abrir la causa de la reverenda madre Juana Inés de la Cruz. Con tal fin, entre ese año y 2011 estuve en contacto relativamente frecuente con los responsables de dicha Oficina y acudí un par de veces a la sede de la Arquidiócesis para hablar con el encargado de las Causas de los Santos. Aunque en mi opinión Sor Juana merece que se le abra el proceso, se trata de un procedimiento muy lento y muy caro, de modo que hace falta quién lo financie. Ignoro por qué la Arquidiócesis Primada de México perdió el interés original, pero el asunto, como es evidente, no ha fructificado.

Por otra parte, cuando los librepensadores tuvieron noticia de la posibilidad de que Sor Juana fuera llevada a los altares, comenzaron a maniobrar para “contrarrestar el peligro”, lanzando la iniciativa de incorporarla al altar laico de la Rotonda de las Personas Ilustres, lo cual lograron en 2018. A diferencia de los católicos, ellos, incrustados en el gobierno de México, sí tuvieron éxito.

Como estudioso de la obra y de la vida de Sor Juana, ¿qué argumentos darías para que se abriera su causa?

▶R Los mismos argumentos que ofrecí hace más de una década a la Arquidiócesis Primada de México y que el curioso puede encontrar desarrollados en mis distintos libros y ensayos, especialmente en la biografía Sor Juana Inés de la Cruz. Doncella del Verbo (Ed. Garabatos, Hermosillo, 2010).

A diferencia de lo que falsamente suele afirmarse, Juana no se hizo monja para poder estudiar, sino porque, como ella misma dejó dicho en su autobiografía, lo que más le importaba era la salvación de su alma. “Siempre he sido inclinada al estado de religiosa”, apuntó en su testamento, hecho a los 17 años. Esa vocación monacal fue el cimiento de una vida que, sobre todo al final, fue de entrega absoluta a su esposo Jesucristo.

¿Es verdad probada que la Iglesia “persiguió” a Sor Juana hasta dejarla muda, sin libros y dedicada solamente a curar a las apestadas del convento de San Jerónimo?

▶R Es falso que la haya silenciado. En 2010, en mi libro Doncella del Verbo, publiqué las cartas que llenas de admiración hacia ella el obispo de Puebla le escribió en 1691 y 1692, pocos años antes de su muerte. En esas cartas el prelado le manifiesta su admiración y cariño, y la invita a escribir y a enseñar públicamente. Esto es, la anima a hacer lo opuesto a guardar silencio. En cuanto al arzobispo de México, la falsa crónica anticristiana de la “persecución” no posee ni un solo documento que la apoye; se trata de un desvergonzado bulo.

A Sor Juana se le ha tachado de todo: desde lesbiana hasta hermética, ¿cómo debemos verla hoy, según el resumen de tus investigaciones?

▶R La realidad es que nuestra monja fue, como he venido explicando, una piadosa católica, que no sólo no tuvo ningún conflicto con la jerarquía eclesiástica, sino que fue apoyada y exaltada por ella.

Las pruebas son muchas, entre las cuales están, además de las ya referidas, los múltiples encargos que los templos y catedrales de México le hicieron para engalanar sus ceremonias (los que, por cierto, solían pagarle bien).

Hay que agregar que Sor Juana tuvo fama de escritora espiritual, pues compuso un rosario de quince misterios que debe rezarse en las dos fechas dedicadas a Nuestra Señora de los Dolores (el cual recomiendo con entusiasmo) y unos Ejercicios de la Encarnación. Entrambas oraciones estuvieron dedicadas a las monjas y a los sacerdotes, de forma que en su época se consideró que la reverenda madre Juana Inés tenía la experiencia y la altura espiritual para dirigir este aspecto de su vida del alma

Una pregunta final: ¿qué podemos hacer para restituir a Sor Juana el lugar que le pertenece, como poeta y como religiosa, quizá como santa?

▶R Hoy, los católicos tenemos una deuda, tanto con ella como con sus contemporáneos religiosos, pues también han sido calumniados al presentarlos cual si hubiesen sido zafios y rencorosos verdugos suyos.

Pienso, sinceramente, que es nuestro deber de cristianos reivindicar tanto a Sor Juana como a los sacerdotes que la rodearon, porque al hacerlo no únicamente estaremos rescatando, con la reputación de todos ellos, el glorioso pasado de la civilización hispanoamericana, sino, principalmente, el honor de la Santa Madre Iglesia que la forjó.

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 14 de noviembre de 2021 No. 1375