Diez años después de la caída del imperio azteca —no de la conquista de México, porque México aún no existía—, los primeros misioneros cristianos no lograban convertir los corazones de los nativos hacia Cristo.

Entonces se aparece la Madre de Dios, deja su imagen impresa en el ayate, y los americanos comenzaron a abrazar la fe en Jesucristo, siendo ellos mismos los que acudían con los misioneros para solicitar que los bautizaran; de tal manera que, en menos de 20 años, 9 millones de habitantes ya eran cristianos.

Madre de una nación

La aparición de la Virgen de Guadalupe también trajo consigo el surgimiento de una nueva raza, la mestiza, y la conformación de comunidades pacíficas y trabajadoras.

En 1754 el Papa Benedicto XIV nombró a la Virgen de Guadalupe como Patrona de la Nueva España. Y no sería sino tres siglos más tarde cuando México surgiría como país, quedando la identidad guadalupana como eje unificador en todo el territorio, siendo nombrada Patrona de la nación en 1895 y coronada como Reina de los mexicanos.

Emperatriz de América

Entonces, por una lógica cuestión de cercanía física, en lo que hoy es México es donde más prosperó la devoción hacia esta advocación mariana. Pero la Guadalupana no se apareció en México sino en la Nueva España, virreinato que en ese entonces abarcaba lo que hoy es México, Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Cuba, Puerto Rico, República Dominicana, Haití, Filipinas y casi todo Estados Unidos, pero que llegó a extenderse hasta Panamá, Venezuela y parte de Canadá.

El hecho es que la propia Virgen de Guadalupe manifestó a san Juan Diego que Ella deseaba mostrar su amor, compasión, auxilio y defensa “a ti, a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra, y a los demás amadores míos que me invoquen y en mí confíen”.

La indicación “a todos vosotros juntos los moradores de esta tierra” abarca a todos los americanos, pues si bien había otros virreinatos, igual formaban parte del mismo imperio.

Por eso Pío XI la nombró Patrona de América, y Pío XII le dio el título de Emperatriz de todas las Américas, el cual Juan Pablo II retomó.

¿Y el resto del mundo?

Pero la Virgen de Guadalupe vela también por los “demás amadores míos”, es decir, los no americanos que igualmente la veneran.

Si se empalma su imagen en el planisferio, haciendo coincidir las estrellas de su manto con las del firmamento en la posición exacta que tenían el 12 de diciembre de 1531, fecha del milagro guadalupano, casi todos los países del mundo quedan cubiertos.

TEMA DE LA SEMANA: SANTA MARÍA DE GUADALUPE A LA LUZ DE LA HISTORIA

Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 12 de diciembre de 2021 No. 1379

Por favor, síguenos y comparte: