Un ideal nos ayuda a orientar toda nuestra vida y personalidad hacia una misión concreta

Por Viviana Cano

Hace unas semanas en nuestra comunidad de formación, comenzamos un taller para descubrir nuestro “ideal personal”. Nuestra vida tiene una misión y aunque todos podemos tener la “corazonada” o saber que somos buenos para algo, tal vez, algunos de nosotros, no hemos tomado en serio nuestro propósito y mucho menos hemos pensado a lo que Jesús nos llama con esto.

Pero, así es, nuestra misión nos fue dada desde el principio. Toda nuestra historia, nuestra vida, nuestro carácter, nuestras tragedias y alegrías tienen un nombre, tienen un “¿para qué?”, existe un “¿para qué nací?”.

“Antes de formarte en el seno de tu madre, ya te conocía; antes de que tú nacieras, yo te consagré, y te destiné a ser profeta de las naciones” (Jeremías 1, 5).

Honestamente, antes de iniciar el taller, pensé: “ya no estoy para esto”. Sin embargo, al profundizar a la luz del Espíritu Santo, me doy cuenta de que mi corazón aún ansía dar una respuesta, una respuesta más profunda al llamado personal que Jesús nos hace a cada uno, una respuesta original al Amor. Reflexionar sobre esto va haciendo que tome conciencia de mi valor personal: tal como soy, tal como Dios me creó y pensó desde la eternidad.

Un ideal personal nos ayuda a orientar toda nuestra vida y personalidad hacia una misión concreta que estamos llamados a realizar por el Señor.

Y es tan importante y trascendental que, al buscar esta misión y ocuparnos de ella, nuestra vida logra organizarse y adquirir coherencia.

Te comparto algunos tips que nos pueden ayudar a encontrar nuestro ideal personal:

  • Darnos tiempo diariamente para la oración: Encontrar un lugar tranquilo para escuchar la voz de Dios en donde podamos decir: “Habla Señor, que tu siervo escucha” (Sam, 1, 3)
  • Hacer una reflexión personal de nuestra vida.
  • Llevar un cuaderno personal o diario de oración donde tomemos nota de todo lo que recordemos, lo que nos mueve, nuestros anhelos, etcétera.
  • Aportes al Capital de Gracias (en Schöenstatt, todo se conquista, así que ¡a ofrecer!).
  • Pedir ayuda a un sacerdote o religiosa, a un orientador católico que sea de tu confianza, para cuando se vuelva difícil dar con esa la misión que Jesús te ha encomendado.
  • Sigamos buscando la voluntad del Señor en su ideal para nuestra vida de la mano de Mamá María.

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Publicado en la edición semanal impresa de El Observador del 2 de enero de 2022 No. 1382