Los responsables de la pastoral educativa de la Iglesia católica, consideran que el momento histórico político por el que atraviesa México, especialmente con la Reforma Educativa, es una de las grandes oportunidades «para servir en la transformación de las realidades más lacerantes de nuestro País: crisis de sentido existencial, desprecio a la dignidad humana, falta de oportunidades, indiferencia a la verdad y a los valores humanos más profundos, desaliento y desesperanza, así como violencia y destrucción».

Esto se dijo luego de concluir la XXV Asamblea Nacional de Pastoral Educativa, que se realizó del 7 al 9 de octubre, en Cuautitlán Izcalli, y que contó con la participación de responsables diocesanos de la pastoral educativa de diecisiete, de las dieciocho provincias eclesiásticas que hay en el País.

En un comunicado la Pastoral Educativa señaló que en la Asamblea reflexionaron sobre los desafíos de la tarea educativa en un cambio de época  a la luz del documento del Episcopado Mexicano Educar para una Nueva Sociedad; la Reforma Educativa, la calidad en la educación y la profesionalización de formadores; así como sobre las nuevas actitudes y criterios de juicio de los agentes de la pastoral educativa.

En los tres días de trabajo, los asistentes tuvieron la oportunidad de escuchar y dialogar con dos conferencistas y catorce panelistas, todos provenientes de distintos ámbitos del mundo educativo. Las actividades estuvieron presididas por Don Alberto Suárez Inda, Arzobispo de Morelia y Responsable de la Dimensión de Pastoral Educativa de la CEM, y coordinadas por el padre Eduardo José Corral Merino, Secretario de la Dimensión.

Fruto de las reflexiones y trabajos, la Pastoral Educativa está decidida a «impulsar con audacia, generosidad y compromiso, la conversión pastoral de los agentes que participan en la pastoral educativa de la respectiva diócesis y provincia, para poder responder a la emergencia educativa».

Además, señala el comunicado, la tarea que realizan en el campo educativo quiere ser signo de «una Iglesia dialogante, atenta a la realidad, servidora del mundo y promotora de los valores trascendentes del hombre»; además de «trabajar, en sintonía con la Nueva Evangelización, fundamentalmente para todos aquellos que tienen una responsabilidad educativa, tanto en ambientes formales como no formales».

Los agentes de esta tarea son conscientes de que la pastoral educativa «implica tejer alianzas, construir sinergias, que recuperen la centralidad de la persona, con todas sus dimensiones, áreas y facetas. Reconocemos y queremos servir prioritariamente a los padres de familia y a los maestros de nuestro País, de escuelas públicas o privadas, católicos o no católicos».

Finalmente, se reconoció que la educación ha sido, es y debe ser, el camino privilegiado de todo esfuerzo de evangelización, pues evangelizar implica ayudarle a todo ser humano, a realizarse en la donación de sí mismo con amor y libertad.