Este 16 de noviembre se cumplen 24 años del asesinato de seis jesuitas, una cocinera y su hija de dieciséis años, en el campus de la Universidad Centroamericana «José Simeón Cañas» (UCA), perpetrado por la Fuerza Armada de El Salvador.

Las víctimas fueron los padres Ignacio Ellacuría, rector de la UCA; Ignacio Martín-Baró, vicerrector; Segundo Montes, director del Instituto de Derechos Humanos; Amando López, Joaquín López y López y Juan Ramón Moreno, todos ellos profesores de la misma Universidad; y la señora Julia Elba Ramos y su hija, Celina Marisela Ramos. El padre Jon Sobrino, también miembro de la comunidad jesuita se salvó porque estaba de viaje, dando unas conferencias en Tailandia.

«El mismo odio que terminó con monseñor Romero es el responsable de esta nueva masacre», fueron las primeras palabras del arzobispo de San Salvador, en esa época, monseñor Arturo Rivera Damas, al referirse a los asesinatos. Posteriormente, durante su homilía en las honras fúnebres, lo calificó como un duro golpe para la Iglesia (ellos habían dedicado parte de su vida a la formación del clero), para la Compañía de Jesús (porque, a la luz del Concilio Vaticano II, Medellín y Puebla, asumían la opción preferencial por los pobres) y para la cultura del país (eran analistas agudos que dejaban al descubierto la injusticia social y hacían propuestas para su transformación).

Según el Informe de la Comisión de la Verdad, el entonces coronel René Emilio Ponce, en la noche del 15 de noviembre de 1989, en presencia de y en confabulación con el general Juan Rafael Bustillo, el entonces coronel Juan Orlando Zepeda, el coronel Inocente Orlando Montano y el coronel Francisco Elena Fuentes, dio al coronel Guillermo Alfredo Benavides la orden de dar muerte al sacerdote Ignacio Ellacuría sin dejar testigos. Con ese fin se utilizó una unidad del batallón Atlacatl que dos días antes había sido enviada a reconocer y registrar la residencia de los sacerdotes.

Testigos de la fe, justicia y la reconciliación

Ignacio Ellacuría, 59 años, filósofo y teólogo, rector. Repensó la universidad desde y para los pueblos crucificados. Puso todo su peso para combatir la opresión y represión, y para conseguir una paz negociada.

Segundo Montes, 56 años, sociólogo, fundador del Instituto de Derechos Humanos. Se concentró en el drama de los refugiados dentro del país y sobre todo de los que tenían que abandonarlo, los emigrantes, que entonces huían de la represión violenta y ahora del hambre y la falta de trabajo. Los visitaba en los campos de refugiados en Honduras.

Ignacio Martín-Baró, 44 años, psicólogo social, pionero de la psicología de la liberación, fundador del Instituto de Opinión Pública de la UCA para facilitar que se conociese la verdad y dificultar que ésta quedara oprimida por la injusticia. Cada fin de semana visitaba comunidades suburbanas y campesinas con las que celebraba la eucaristía.

Juan Ramón Moreno, 56 años, profesor de teología, maestro de novicios y maestro del espíritu, acompañante de comunidades religiosas. En Nicaragua participó en la campaña de alfabetización.

Amando López, 53 años, profesor de teología, antiguo rector del seminario de San Salvador y de la UCA de Managua. En ambos países defendió a perseguidos por regímenes criminales, a veces escondiéndolos en su propia habitación.

Joaquín López y López, 71 años, el único salvadoreño de nacimiento, hombre sencillo y de talante popular. Trabajó en el colegio y fue el primer secretario de la UCA en 1965. Después fundó Fe y Alegría, institución de escuelas populares para los más pobres.

Para conocer más sobre «Los Mártires de la UCA» puede visitar:

http://www.uca.edu.sv/XXIVaniversario/

http://site.adital.com.br/site/noticia.php?lang=ES&cod=42881

http://www.uca.edu.sv/martires/new/indice.htm