Por Juan Gaitán |

El ayuno es una práctica común en el tiempo de Cuaresma que hoy comienza. Muchas personas suelen acompañarlo o sustituirlo por un pequeño «sacrificio». A continuación algunos tips que pueden ser de utilidad al considerar éste sacrificio cuaresmal:

  1. No confundir el medio con el fin: El sacrificio es un medio para vivir la Cuaresma, no un fin por sí mismo. Hacer del sacrificio lo principal, consciente o inconscientemente, es caer en esa actitud farisaica tan criticada por Jesús.
  2. Tener el objetivo claro: El objetivo del sacrificio (como del ayuno) es regresar la mirada a lo más importante: a Dios. Se trata de una «estrategia» para volver a Dios. El sacrificio es un símbolo del camino de regreso a la casa del Padre.
  3. Un motor para la caridad: El fin de toda práctica «ascética» es la caridad. La limosna, el ayuno, la abstinencia y demás prácticas «personales» deben funcionar como un motor para la caridad. Si no pasa esto, está ocurriendo algún problema con el sacrificio.
  4. Lo que se debe fortalecer: Los sacrificios requieren «fuerza de voluntad», pero de nada sirve fortalecer la voluntad sin fortalecer la misericordia. Sin esta última, el sacrificio no tendría el toque cristiano.
  5. No ser intimistas: Los sacrificios suelen ser algo muy personal, pero no por esto han de ser intimistas. Las prácticas cuaresmales deben conducir, sin lugar a dudas, al encuentro sincero con los demás, especialmente con los más necesitados.
  6. La proyección: Considera si podrías proyectar tu nueva actitud de esta Cuaresma a toda tu vida, ¿por qué no? Si es algo que no continuarías, tal vez convenga preguntarte la razón.
  7. Tiempo de renovación: La Cuaresma, como ha dicho el Papa, es un tiempo de renovación para la Iglesia. ¿Tu sacrificio te ayuda a ser una persona renovada? ¿Es útil tu sacrificio para la renovación de tu comunidad?
  8. No a la soberbia: Lograr cumplir con el sacrificio propuesto naturalmente será causa de alegría, pero se debe ser consciente de la tentación a la soberbia. El origen de toda fuerza está en Dios.
  9. Ser testimonio: El éxito de la Iglesia de los siglos I y II estuvo en la forma de vida de los cristianos. A la gente se le «antojaba» vivir como ellos. La práctica de tu sacrificio cuaresmal puede servir para llevar un modo de vida «antojable», alegre, cristiano.
  10. ¡Tener siempre presente la Pascua! El color morado propio de la Cuaresma (y del Adviento) simboliza espera e introspección, no tristeza. La Cuaresma es un camino reflexivo pero alegre hacia la fiesta de la Resurrección.

¡Que esta Cuaresma nos conduzca, como pide el Papa, a fortalecer nuestro corazón!

 

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