Por Jaime Septién Crespo |

–¿Un periódico católico? ¿Y eso qué es?
No lo sabíamos. Aún no lo sabemos del todo. Cuanto más, un camino. Un llamado. Algo que se templa en el crisol de la palabra de Dios revelada por Jesucristo.

Era presidente Zedillo. Clinton en Estados Unidos acababa de “salvar” al país que mal vivía tras “el error de diciembre”. El Papa Juan Pablo II ya había realizado tres visitas a México. Queríamos un ideal.

Los obispos de entonces, don Mario de Gasperin en Querétaro; don Arturo Szymansky en San Luis, don Rafael García (+) en León y don Jesús Humberto Velázquez (+) en Celaya, aceptaron impulsar un periódico católico. Aceptaron a un par de locos que tenían tres hijos pequeños.

Por otro lado, los empresarios Rolando García, Francisco Garrido, Eduardo Magaña e Ignacio Loyola (después políticos; dos gobernadores, un presidente municipal y un secretario de Salud), nos dieron el empujón que necesitábamos.

Pero sobre todo Dios, en su infinita misericordia, nos buscó primero, nos puso en la línea, nos echó al agua sin apenas saber nadar, porque antes nos había encontrado. La fecha de salida fue aquél 16 de julio de 1995 del que no podremos separarnos. Es nuestra esencia: ser un semanario católico y un semanario profesional en el doble sentido de la palabra: profesión de fe y profesión de periodistas.

Por supuesto que ha habido horas difíciles. Pero –lo diría el Papa Emérito Benedicto XVI—todo movimiento o acción que nace de la verdad requiere ser purificado.

Andamos en ésas batallas
Hemos ganado muchos ángeles protectores, muchos amigos. Hemos luchado con las armas del periodismo para conquistar corazones.

Hemos necesitado la gracia para enfrentar nuestros defectos. Nos quedan muchos por pulir. Porque sabemos que el reto es largo. Y que lo que importa, verdaderamente lo que importa, es ser misioneros en un tiempo donde la misión duerme acomodada en el rincón de la mesura.

¿Qué sigue?
No tenemos ni idea. La saludable dosis de inconsciencia que confiesa tener el Papa Francisco es como un bálsamo. Continuar armando lío. Sin cara de funeral. La esencia será la misma: un periódico semanal que mire los acontecimientos del mundo con las gafas católicas bien puestas.

Una fe que se hace cultura.