Durante años la vanidad ha sido un modo de vida que absorbe a muchos hombres y mujeres. Por varias décadas han colocado su vida en el centro de la vanidad. El siglo XXI no podía escapar a esta industria y negocio que ha permeado las relaciones sociales.

Por Mary Velázquez Dorantes / Twitter: @mary_dts

Los encuentros familiares y los centros de trabajo son potencia de crecimiento para industrias como la cosmética, la belleza y el cuidado personal. México se ha convertido en el país número uno para los mercados que venden productos con referencia a la vanidad; el tiempo actual promueve a las personas vanidosas, quienes tienen exagerados cuidados con su imagen exterior, buscan destacarse a toda costa, pero, sobre todo, es la indiferencia hacia a los demás lo que predomina en ellas.

Alrededor del mundo se invierten 15 mil millones de dólares en compra de productos que ayuden a mantenerse jóvenes, atractivos y saludables. Asia y Latinoamérica son las regiones con mayor incremento de negocios que promueven los nuevos cánones de belleza; sin embargo ¿qué existe detrás de una persona vanidosa?, ¿cuáles son los rasgos que la identifican?, ¿cómo es que el mundo promueve la moda de la vanidad como un estilo de vida natural? El Observador de la Actualidad te presenta tres formas en las que la vanidad ha conquistado al mundo actual.

¡LUCES, CÁMARA, VANIDAD!

Los expertos en psicología y antropología social señalan que estamos viviendo una época donde el individualismo ha conquistado las mentes y los entornos sociales. El hombre moderno se preocupa más por sí mismo que por los demás. Generalmente estos «nuevos» hombres se expresan de forma teatral para acaparar la atención de los demás y ser validados socialmente. Una persona vanidosa tiene una íntima relación con el narcisismo y éste, a la vez, con la psicopatía, lo que en salud mental se dicta como «peligroso». Las personas vanidosas ven a los demás como simples instrumentos para su beneficio propio, y más allá de la industria, que a través del marketing y la publicidad, prolifera un nuevo estilo de vida que crece con respecto a las economías, las clases sociales, los comportamientos humanos y las nuevas formas de
relacionarse socialmente.

Hombres y mujeres utilizan productos de belleza y cuidado para verse mejor; sin embargo, muchos están descuidando el interior, lugar donde surge la verdadera belleza del hombre.

La vanidad es una apariencia vacía, no existe nada humano detrás de la vanidad, es una razón inversa a la personalidad donde el individuo presenta rasgos exagerados descuidando su interior. Este siglo está movido por gustos y modas pasajeras que influyen en la autoestima y la seguridad de las personas. Los conceptos de belleza están más relacionados con las formas de vestir y la vanidad del cuerpo. La apariencia es cuestión de gustos y está vinculada con criterios estéticos temporales.

¿MODA  PASAJERA?

Detrás de cada moda que se instituye durante el tiempo viene una problemática colateral. La moda de la vanidad está dejando estragos en el desarrollo humano. Los comportamientos autodestructivos del hombre actual preocupan a los expertos. Existe una industrialización de la belleza que perjudica al individuo, física, psicológicamente y espiritualmente. Se le ha denominado la moda de los «cuerpos incompletos», dado que existen paramentos de comportamiento que están dañando a quien de forma desvivida observa el cuerpo como un sitio de idealización. Las mujeres están preocupadas por la moda, los hombres por la belleza, lugares donde difícilmente se puede acceder a un crecimiento espiritual y humano. La sexualidad ha jugado un papel trivial gracias a estos nuevos estilos de vida: lo masculino puede ser femenino y a la inversa. Las tendencias de compra van en incremento, los empresarios de los cosméticos han visto un crecimiento expansivo en los últimos 10 años y han aprovechado los mensajes publicitarios para reafirmar que la belleza exterior es lo único que cuenta. Los ideales físicos se han convertido en enormes retos, por lo que la imagen corporal está creando tensión en quienes no ven reflejado los resultados de su inversión a corto plazo.

LAS REDES SOCIALES,  EL ESCAPARATE IDEAL

No existe lugar más llamativo para la vanidad que una red social, cualquiera que sea. El mundo conectado experimenta nuestra forma para hacernos populares y sobre todo para que todos nos vean. Facebook e Instagram son los sitios más cercanos para crear historias sobre nuestras vidas. Las experiencias relacionadas con la salud mental afirman que las redes sociales están colaborando a crear desórdenes alimenticios y problemas mentales.

Se busca ser aceptado socialmente a través de una red. Separarse de ellas significa para muchos perder la brújula de quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos. El cuerpo ideal está en las redes sociales, muy lejos de nuestro propio concepto de nosotros mismos. El narcisismo se está volviendo el centro del universo, la psique está construyendo un puente entre el derecho de la admiración y las actitudes desbordadas, por lo que la salud mental y espiritual están perdiendo espacio.

Las redes sociales son un foro donde los demás presentan lo «mejor de sí». Los usuarios se muestran orgullosos de lo que publican: son coleccionistas de experiencias y amigos a través de la imagen. La estrategia de éxito de las redes sociales son las selfies que difunden las modas, la vanidad y el culto al cuerpo humano.

SEGUROS O INSEGUROS

No importa la apariencia y el esplendor: la sencillez y la humildad brillan con luz propia cuando son auténticas.

Los hombres valiosos llegan a la fama por sus obras. Los necios se hacen famosos por la propaganda.

Nuestra sociedad de consumo también «fabrica» ídolos famosos porque necesita venderlos.

Si el sabio te censura, piénsalo. Si el estúpido te alaba, ¡laméntalo!

El que se sabe merecedor de la aprobación y del aplauso no hace nada para conseguirlos.

El árbol que sobresale muy pronto con sus ramas suele ser el que primero cae por falta de raíces.

El hombre seguro de sí mismo goza cuando es apreciado y se duele ante el menosprecio, pero no malgasta su tiempo para cambiar la opinión ajena.

 

Publicado en la edición impresa de El Observador del 29 de julio de 2018 No.1204