El 14 de septiembre de 1813 fueron leídos al Congreso de Chilpancingo, por el secretario Juan Nepomuceno Rosainz, «Los Sentimientos de la Nación», que habían sido redactados por José María Morelos y Pavón resumiendo en 23 puntos el ideario de los que luchaban por la independencia de México. Estos anhelos eran los que habían llevado a Miguel Hidalgo y Costilla a iniciar el levantamiento armado el 16 de septiembre de 1810.

NO TODOS PENSABAN IGUAL

Como es lógico, no todos los mexicanos pensaban de forma idéntica; e incluso entre los mismos insurgentes se advertía una falta de coincidencia en algunos puntos. Por ejemplo, en cuanto a la monarquía.

Aunque por generaciones en las escuelas los libros de texto oficiales se han encargado de ideologizar a la población en el sentido de que cualquiera que no fuera enemigo de la monarquía  era «malo», mientras que  los liberales republicanos eran «buenos», la verdad es que los mexicanos, en su inmensa mayoría,  querían la monarquía. Hidalgo quería al rey Fernando VII en el poder. México había sido una monarquía en tiempos antes de la Conquista y durante los 300 años del virreinato. Y todas la potencias europeas tenían un régimen monárquico. Así, para los mexicanos de la época, la monarquía era el sistema obvio para implantar en México.

También Ignacio López Rayón era partidario de esto, y en el debate epistolar que sostuvo con Morelos defendió el proyecto monárquico.

Pero para el Generalísimo —o sea Morelos— la monarquía estaba bien para Europa, pero las nuevas naciones americanas debían organizarse en repúblicas. Por ello en el discurso inaugural  del Congreso de Chilpancingo, ese 14 de septiembre, Morelos leyó el discurso inaugural que había redactado Carlos María de Bustamante y tachó la mención que se hacía de Fernando VII.

¿Y LA RELIGIÓN?

Sin embargo, al principio no había diferencias de índole religiosa. Aunque la independencia mexicana estaba fuertemente influenciada por las revoluciones del siglo XVIII y la Ilustración, con todo su trasfondo liberal-masónico y, por tanto, anticristiano, no todos los insurgentes mexicanos fueron masones ni enemigos de la fe católica.

Curiosamente, en el citado discurso inaugural,  aunque Morelos no era masón, tachó la referencia a la masonería; el texto primero decía: «Este dichoso instante en que vuestros hijos se han reunido para vengar vuestros desafueros y ultrajes, y librarse de las garras de la tiranía y el francmasonismo»; y lo  sustituyó así: «…y librarse de las garras de la tiranía y el fanatismo».

Pero al mismo tiempo afirmó:

«Nada hagamos, nada intentemos si antes y en este lugar no juramos todos, a presencia de este Dios benéfico, salvar la Patria, conservar la religión católica, apostólica, romana, obedecer al romano Pontífice, vicario en la tierra de Jesucristo, formar la dicha de los pueblos, proteger todas las instituciones religiosas».

Ya antes, en el Manifiesto del 15 de noviembre de 1810, el cura Hidalgo había escrito: «Establezcamos un congreso (…) teniendo por objeto principal mantener nuestra santa religión».

En el Plan del Gobierno Americano, entregado por Hidalgo a Morelos el 16 de noviembre de 1810, se lee en el número décimo primero:

«En punto de religión, nada se toca, porque debemos seguir la que profesamos».

En el primer plan de Constitución para el nuevo gobierno,  redactado por Ignacio López Rayón hacia el  30 de abril de 1812,  los tres primeros puntos, incluso anteriores al que  habla de  que «la América es libre e independiente de  toda otra nación», dicen así:

«1. La religión católica será la única, sin tolerancia de otra.

«2. Sus ministros por ahora continuarán dotados como hasta aquí.

  1. El dogma será sostenido por la vigilancia del Tribunal de la Fe (…)».

Y en la carta del 2 de marzo de 1813  de López Rayón a Morelos, explicando algunos puntos de ese primer proyecto constitucional, dice:

«Que nuestra religión ha de ser la apostólica romana; veneradas nuestras imágenes y templos y respetados los ministros del altar, y la observancia puntual en la disciplina de nuestra Iglesia Católica, Apostólica y Romana…»

Queda claro que si hasta los políticos independentistas de aquel momento  centraban el nacimiento de la nación independiente en el sentimiento de que la fe católica debía ser la base, en el pueblo dicho parecer debió ser igual de agudo o  incluso más.

De ahí que con toda razón el ideario de Morelos —con sus puntos 2, 3 y 4 claramente católicos— fue nombrado por éste «Los Sentimientos de la Nación».

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: LA VERDADERA “CONSTITUCIÓN MORAL” DE MÉXICO
Publicado en la edición impresa de El Observador del 9 de septiembre de 2018 No.1209