Por Diego García Bayardo

Aunque hubo un tiempo en que se supuso que las sociedades prehispánicas más antiguas eran esencialmente pacíficas, ahora se sabe que el sacrificio humano es una constante entre los pueblos mesoamericanos desde sus orígenes. Desde las hileras de hombres maniatados y sacrificados en los templos de Teotihuacan y los decapitados de la iconografía maya, hasta los miles de esclavos a quienes se arrancó el corazón en el templo mayor de México-Tenochtitlan, el sacrificio humano se nos presenta como una estación forzosa en el estudio de la condición humana.

El Estado mexica fue sin duda el que llevó la costumbre del sacrificio humano hasta su máximo desarrollo y complicación, pues había gran variedad de formas para ofrendar gente a los dioses.

▶ En el mes Xocotlhuetzi se acostumbraba arrojar a los cautivos al fuego, quizá para rememorar el mito del origen del Quinto Sol. Otra costumbre era la de atar a los prisioneros a postes y se les mataba a flechazos, en un rito que nos recuerda el martirio de san Sebastián en Roma.

▶ Especialmente crueles eran los sacrificios al dios Xipe Totec: en el mes de Tlacaxipehualiztli a los cautivos se les arrancaba la piel cuidadosamente y un sacerdote de dicho dios se la ponía, como si fuera un traje; ese ministro no debía quitarse su atuendo de piel humana por semanas, aunque la putrefacción lo hiciera intolerable.

▶ Los sacrificados a Mictlantecuhtli, Señor del Inframundo, eran encerrados en cuevas y olvidados, como en las oubliettes francesas.

▶ Las mujeres sacrificadas a Xilonen, diosa del maíz, eran decapitadas.

▶ Seguramente el sacrificio mejor conocido es el que se realizaba en el templo mayor, en la mitad del recinto dedicada al dios Huit-zilopochtli, donde a los cautivos, colocados sobre una piedra y sujetos firmemente, se les arrancaba el corazón, el cual podía ser quemado o arrojado al lago; el cuerpo de la víctima era arrojado escaleras abajo, esperando que se destrozara como Huitzilopochtli destrozó a su hermana Coyolxahuqui. También se sabe que muchos prisioneros de guerra eran sacrificados haciéndolos combatir con armas de palo contra varios guerreros bien armados.

Los católicos sabemos que Dios ha puesto en todas las religiones, incluyendo la de los antiguos mexicas, semillas, reflejos y figuras de la verdadera fe y del único Dios. Sin embargo, al formular un juicio sobre los sacrificios humanos en el mundo prehispánico, no podemos aceptar el relativismo moral de los historiadores oficialistas que pretenden justificarlo todo bajo la consigna de «esa era su costumbre; no la debemos criticar».

Los sacrificios humanos violan el derecho a la vida y contradicen la ley natural que Dios puso en el alma de todas las personas y que incluye de forma originaria el precepto: «No matarás». Además, el enfoque mexica a esa costumbre, que los pueblos anteriores a ellos no practicaron de forma tan extendida y cruel, tenía una motivación especialmente torcida: siendo esencialmente militarista el Estado mexica, sus sacerdotes crearon una religión que exigía capturar y sacrificar a miles de enemigos al año, supuestamente para alimentar al Sol con su sangre y así mantenerlo con vida.

En realidad se trataba de un caso obvio de manipulación religiosa en la que el mito tenía la función verdadera de legitimar al grupo en el poder, justificar su conducta violenta y alentar el expansionismo imperialista de su nación.

¿Aztecas o mexicas?

La palabra «azteca» viene del náhuatl aztecatl, que significa «habitante de Aztlán». La palabra «mexica» viene del nombre del dios Huitlilopochtli-Mexicltli, a quien sus adoradores llamaban con afecto «Mexi»; se supone que en un cierto momento se les apareció Huitlilopochtli en forma de águila y les indicó a los aztecas que su nuevo nombre sería el de «mexitin» o «mexicas».

Los mexicas eran caníbales

Las excavaciones arqueológicas en Texcoco que fueron dadas a conocer en 2015 por el Instituto Nacional de Antropología e Historia han dejado evidencia del destino de 550 personas en el año 1520.

Formaban parte del grupo que acompañó a Hernán Cortés, y eran 15 conquistadores españoles, 45 soldados de infantería (que incluía a cubanos de origen africano e indígenas), 50 mujeres, unos diez niños, y otros 350 indios aliados de los españoles (incluidos mayas y otras etnias). Fueron hechos prisioneros tras que Cortés se fue a combatir a Pánfilo de Narváez en Veracruz.

Llevados a Texcoco, reino aliado de los aztecas, ahí los encerraron y alimentaron por meses antes de torturarlos, sacrificarlos a Hutzilopóchtli y ser comidos por el pueblo.

Los mexicas sabían que aquello traería consecuencias, por eso cuando Cortés regresó con nuevas tropas, los antropófagos escondieron los restos de las víctimas devoradas. Pero Cortés encontró las cabezas de los soldados empaladas, pues los mexicas acostumbraban exhibir los cráneos de sus víctimas en una estructura llamada tzompantli. En respuesta, Cortés ordenó destruir aquel lugar.

La parte del cuerpo que los caníbales aztecas más buscaban comer era el corazón recién arrancado de la víctima. El resto del cuerpo era desmembrado con cuchillos de obsidiana, hervido y repartido entre la gente.

La razón por la que los españoles prohibieron el cultivo del amaranto en México fue porque era un elemento de los rituales paganos: este semi-cereal era mezclado con la sangre de los seres humanos sacrificados, y así se formaban las piezas que hoy se conoce como «alegrías» (actualmente hechas con miel o melaza en lugar de sangre) y se les daba forma de ídolos, que toda la gente comía.

FUENTES.- Fernando Anaya Monroy: «La antropofagia entre los antiguos mexicanos» (UNAM). Miguel Ayanz : «La pesadilla caníbal de la otra expedición de Cortés» (www.elespañol.com).

TEMA DE LA SEMANA: LA CAÍDA DE MÉXICO-TENOCHTITLAN, 13 DE AGOSTO DE 1521

Publicado en la edición impresa de El Observador del 19 de agosto de 2018 No.1206