¿Qué puedo hacer yo, como ciudadano  de a pie, frente a la realidad del hambre?

1 Esforzarme en conocer  el problema en profundidad.

Es más difícil dar los siguientes pasos sin el cimiento de la información real acerca de los alcances y las causas del hambre en mi entorno, en mi país y en el mundo.

2 Investigar a las  empresas con las que me relaciono.

Si el banco donde tengo mi cuenta, o si las marcas de alimentos que compro ejercen malas prácticas comerciales, es decir, si éstas ayudan a generar más pobreza y hambre porque no realizan un comercio justo, o porque realizan inversiones poco éticas que contribuyen a generar más pobreza e injusticia en el mundo, yo debería optar por otras opciones a fin de no hacerme cómplice.

3 Privilegiar  el consumo local.

En los últimos 30 años se ha impulsado en todo el mundo un sistema agroalimentario que ha empujado a los países a la especialización productiva; pero esto implica, entre otras cosas, que una parte importante de los alimentos que se adquieren en el supermercado realicen largos viajes internacionales antes de ser consumidos: kiwis de Nueva Zelanda, cacao de Costa de Marfil, maíz y arroz de Estados Unidos, espárragos y alcachofas de Perú, etcétera.

Se supone que entre más crezca la capacidad de los países de generar monocultivos para exportar sus productos a otros países, mayores ingresos conseguirán; pero este razonamiento no tiene en cuenta que con este modelo son los grandes productores agrícolas los que se benefician, mientas que amplísimos sectores de la población campesina local (los pequeños agricultores) se ven perjudicados, con lo que aumenta su situación de pobreza y malnutrición.

4 Preferir los  productos nacionales.

Mi localidad no puede producir todo el alimento que necesita; si de esos productos que vienen de fuera elijo los que son mexicanos frente a los importados, estaré ayudando a dar pasos hacia la soberanía alimentaria, de manera que mi país no será tan vulnerable a la especulación internacional sobre los precios de los alimentos.

5 Beneficiar un mercado  de productos de bajos estándares.

Tanto si soy agricultor como comerciante o consumidor, la apertura de un mercado de productos de bajos estándares permitirá que no se desperdicien, por ejemplo, frutas y verduras de pequeño tamaño o de aspecto poco estético; su valor nutritivo es idéntico al de los productos de los supermercados, aunque no se vean tan hermosos.

6 No comprar de más.

Si compro para mi despensa más alimentos de los que mi familia se comerá antes de que éstos caduquen, necesariamente tendré que tirar a la basura los excedentes. Lo correcto es llevar un control para que, antes de que expiren, yo los regale a quienes puedan necesitarlos.

7 Aprovechar elementos  alimenticios que yo creía que eran basura.

Por ejemplo:

▶ Con las hojas verdes de la zanahoria se puede hacer pesto.

▶ Los tallos de cebolla le dan muy buen sabor al puré de papa.

▶ Las hojas de los rabanitos, desinfectadas y marinadas, sirven para ensalada.

▶ Las hojas que rodean los floretes de la coliflor quedan sabrosas y crujientes si se asan al horno.

▶ Las hojas de apio, en pequeñas cantidades, sirven como condimento.

▶ Las cáscaras de mandarina, naranja o limón pueden ser deshidratadas y luego almacenadas para condimentar guisos y pasteles.

▶ Con las semillas de melón molidas se puede preparar agua de horchata.

▶ Las semillas de sandía se pueden asar y salar tal como las semillas de calabaza.

▶ La parte más blanca del melón, que suele desecharse (la que está más pegada a la corteza) sirve para reemplazar al pepino en las ensaladas.

▶ Fritas con un poco de sal, las cáscaras de papa son deliciosas.

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: UN PECADO SOCIAL QUE CLAMA AL CIELO

Publicado en la edición impresa de El Observador del 21 de octubre de 2018 No.1215