Hay personas y empresas que quieren ayudar a acabar con el hambre; y, desde luego, querrían no tener que tirar lo que les sobra de su producción de alimentos, pero no saben cómo hacerla llegar a quienes de verdad la necesitan.

La respuesta a esto son los  llamados bancos de alimentos.

Se trata de organizaciones solidarias de la sociedad civil, sin ánimo de lucro. En México su origen tiene más de dos décadas, y viene de una experiencia anterior: de los comedores parroquiales en la ciudad de Guadalajara.

Tanto en México como en el mundo los bancos de alimentos constituyen una de las más exitosas iniciativas para reducir el hambre y la desnutrición, pues rescatan los excedentes de comida en el sector agropecuario, el industrial y el comercio. Por igual reciben de  hoteles, restaurantes, supermercados, mercados, agricultores, centrales de abastos, o de cualquier individuo particular o empresa, alimentos que están en condiciones de ser consumidos.

Generalmente los donativos que llegan a estos bancos son productos que presentan fallas en su presentación (cajas o latas con golpes, frutas y verduras cuyo tamaño no alcanza el estándar esperado,  etc.), que tienen una fecha de vencimiento cercana,  o que no tuvieron una buena demanda entre los consumidores. Pero también hay personas y empresas que entregan productos magníficos, idénticos a los que tienen a la venta.

Los bancos de alimentos  se encargan de hacer llegar estos donativos a la población más vulnerable.

En México la mayoría de los bancos de alimentos han decidido trabajar en coordinación, para lo cual han formado la  asociación Bancos de Alimentos de México (BAMX), la cual reúne actualmente a 55  bancos de casi todos los estados del país, y hay  más en proyecto.

A través de convenios con donadores nacionales y locales, y por medio de una infraestructura logística, pueden ayudarse mejor a fin de distribuir alimentos perecederos y no perecederos a los otros bancos afiliados.

Pero lo más común es que, por el tipo de alimentos que los bancos recolectan —casi siempre son de vida corta—, los entreguen a los necesitados de las poblaciones urbanas y rurales más cercanas. Por ejemplo, los alimentos se llevan a escuelas, orfanatos, centros de rehabilitación e instituciones de asistencia.

El trabajo de BAMX permite rescatar cada año poco más de 100 mil toneladas de alimentos a nivel nacional, y atender a 1.2 millones de mexicanos de forma regular.

La ayuda llega a 4 mil 200 comunidades en todo el país, atendiendo directamente a  281 mil familias que padecen pobreza alimentaria.

Federico González Celaya, presidente de BAMX, señala que si bien esta asociación  «nació del corazón del amor de Cristo», la ayuda no está  destinada sólo a los cristianos católicos: «Damos de comer a quien lo necesita», y tampoco hace falta ser cristiano para sumarse a la labor que hacen estos bancos de alimentos: «Respetamos el credo de todos los que se asocian con nosotros».

BAMX es la segunda red de bancos de alimentos más grande en el mundo, y el modelo de los bancos de alimentos es increíblemente eficaz.

Los bancos  de alimentos pueden necesitar ayuda gubernamental, pero la base de todo está en el apoyo de la sociedad.

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: UN PECADO SOCIAL QUE CLAMA AL CIELO

Publicado en la edición impresa de El Observador del 21 de octubre de 2018 No.1215