Por Luis Fernando Valdés*

Los cambios de época pueden producir en unas personas una ilusión de victoria y de que ya hemos llegado a un momento dorado de nuestra historia y, en otras, suelen provocar una sensación de inseguridad hacia el futuro. Pero, en ambos casos, el riesgo es el mismo: descuidar el esfuerzo diario por construir una mejor familia y una sociedad más justa y solidaria.

Nuestro país hoy necesita mirar hacia el presente. Cuando una persona se confía a que una situación económica global le será favorable o que un sistema político le proporcionará sin costo los medios para vivir, esa persona posiblemente descuidará lo más valioso de su vida: la capacidad de trabajar, que es ejercicio de virtudes, y medio de convivencia y servicio, que para los creyentes, además, se convierte en la vía para santificarse en la vida ordinaria.

Y lo mismo sucede con quien contempla con miedo o desilusión una nueva situación social, pues termina buscando egoístamente su propia supervivencia económica y deja de participar en la construcción de la vida política de nuestra nación.

La respuesta a ambas falacias es el realismo de la vida diaria, la cual necesita ser transformada mediante el esfuerzo cotidiano. Cuando era cardenal de Buenos Aires y Argentina pasaba una dura crisis económica y social, el Papa Francisco acuñó la siguiente frase para invitar a todos a no paralizarse y a no desentenderse de contribuir cada día a la solución de los conflictos sociales y económicos: «echarse la patria al hombro».

Y eso hoy se traduce para los mexicanos en trabajar mucho y bien, con constancia, en ser solidarios con los más necesitados, en tender puentes de diálogo con quienes piensan distinto de nosotros. Y para los creyentes, ese llevar la patria a cuestas incluye vivir mejor la dimensión social de nuestra fe en Cristo: ser Iglesia, porque, a partir del encuentro que ahí tenemos con Cristo, es como se inicia nuestra solidaridad hacia nuestra patria.

*Sacerdote

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TEMA DE LA SEMANA: DE CARA A LOS PRÓXIMOS SEIS AÑOS

Publicado en la edición impresa de El Observador del 2 de diciembre de 2018 No.1221