Generalmente, cada fin de año nos preparamos para recibir uno nuevo, de manera festiva e incluso ritualista. La llegada de un nuevo año significa esperanza para todos; sin embargo, es necesario reflexionar y agradecer el año viejo, con sus experiencias, emociones, situaciones y vivencias.

Por Mary Velázquez Dorantes

El año viejo es el momento de la gratitud y la enseñanza. Se cuentan los minutos para el advenimiento del nuevo, al mismo tiempo que se cuenta para decir adiós a un período de vida. Entre las fiestas y la algarabía es el mejor momento para hacer una pausa, realizar una lista de acción de gracias por lo que hubo en los días que corrieron, monitorear con mirada crítica lo bueno y lo malo, a fin de co- rregir lo que viene.

Cerrar ciclos para preparar los nuevos, mostrarse gratificados por todo aquello que no sucedió.

El día último del año es el mejor tiempo de gratitud. El hombre mo- derno se ve martillado por mensajes sobre lo que se debe hacer en la cuenta regresiva de un nuevo año; no obstante, es necesario evaluar las prácticas que realizamos y que bajo el cristal en retrospectiva dejarán una oportunidad de vida futura. En El Observador de la actualidad te presentamos tres acciones para decir adiós al año viejo.

UNA MIRADA DE GRATITUD

Cada minuto que pasa es una oportunidad que sucede. Los 360 días del año fueron oportunidades que se nos brindaron. Asumir una actitud de gratitud nos aleja del resentimiento, la frustración y el tedio. Es por ello que, antes de cerrar un año más, debemos hacer una pausa reflexiva, mirar el pasado sin quejas, sin dolor, sin sufrimiento, agradecer cada uno de los momentos más significativos y agradecer la cotidianidad de todos los días.

La gratitud es una virtud amorosa que ayuda a nuestro espíritu a estar en paz. Se piden deseos para lo nuevo y se olvidan los que llegaron en el año viejo. Mirar con gratitud la existencia humana, lo que nos rodea, lo que ha ido dejando huella y lo que se ha multiplicado en el transcurso del tiempo. Dar gracias significa abrir la esperanza para lo nuevo, festejar lo que nos sucedió, ser flexibles con cada uno de nosotros a fin de comprender nuestros actos, así como suceden las estaciones del año; así sucede la vida del hombre.

La retrospección requiere de silencio, calma, tranquilidad, ubicar un espacio donde podamos realizar una lista de acciones que agradecemos, elaborar una oración por cada hecho vivido, realizar un balance justo para entender cada paso que fuimos dando.

ESPERANZA EN EL FUTURO

El fin de un año es el comienzo de uno nuevo, ambos suceden de la mano. Muchos temores se infunden en las últimas fechas de un año, nada mejor para decir adiós al año viejo que tener una esperanza fundada en lo que viene.

La esperanza venidera se suma a todos los esfuerzos realizados antes, se mantiene con los hábitos logrados, con cada una de las posibilidades para crecer día a día. Se mira al frente con la actitud de creer en algo mejor, no con el miedo o la nostalgia, con la fe renovada para encontrarse con nuevos retos y desafíos del mundo.

El pasado se va dejando lecciones, el futuro se abraza superando cada una de ellas. La principal tarea al cerrar el año es aprender con nuevos propósitos; sin ellos no podríamos tener una ilusión nueva. Para creer se requiere determinación. Muchos van buscando el secreto de una vida venidera y plena, la fórmula mágica que resuelva las inquietudes del año nuevo. Otros caen en la superstición de los rituales; no obstante, lo único que se requiere para abrazar la vida que viene es la fe y la esperanza, dejar el pasado sin resis- tencia u obstinación. Algunos piensan en dinero, amor, salud, mientras que el paso más importante para el nuevo año es la confianza de los planes de Dios para su creación.

PERDÓN PARA DECIR ADIÓS

Cuando un año viejo se va, con él se deben mudar las tristezas, rencores y resentimientos. La noche vieja es el día especial para orar y contemplar con misericordias los errores propios y de aquellos que nos hirieron. Es el momento indicado para soltar las amarguras, plantearse preguntas sobre cómo podemos ser mejores seres humanos, olvidar sin ira o animadversión.

El perdón renueva la mente y el corazón de las personas. Hay que buscar el momento propicio para soltar las heridas que surgieron, liberar las emociones negativas que abruman para lo que viene, sanar el espíritu de todo aquello que duela. El punto de encuentro entre el viejo año y el nuevo es un segundo de diferencia;. La auto revisión de nuestros actos requiere de la generosidad humana; saber pedir perdón y perdonar es el puente para un nuevo comienzo.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 30 de diciembre de 2018 No.1225