Risas, sorpresas, miedos, conversaciones, desconsuelos suceden a cada segundo; sin embargo, las personas cada vez comparten menos cada una de sus situaciones. Algunas parecen estar muy ocupadas en sus propios asuntos; otras, distraídas; algunas, dentro del mundo tecnológico, donde el mundo se mira más no se observa.

Por Mary Velázquez Dorantes

Al parecer se descuidan las emociones personales y las grupales. Algunos lo llaman el fenómeno de los corazones fríos; otros, el síndrome de la desconexión. De todo lo que sucede en el mundo y en la realidad de las personas, ya sea bueno o malo, existe una emoción junto con un torrente de consecuencias.

Algunas investigaciones de universidades prestigiosas afirman que la era actual es un mundo donde se está perdiendo la empatía y la sensibilización por el otro; son pocas las situaciones donde se comprende qué le sucede a nuestra familia, al amigo, al vecino, al compañero.

La desvinculación emocional esta surgiendo debido a la falta de percepción emocional: las situaciones cotidianas se desconectan porque suelen ser poco interesantes, las dinámicas se rompen debido a las nuevas formas de vida, la jornada laboral sucede detrás de una pantalla, o quizás las respuestas que buscamos no son las que otros nos ofrecen.

EL NUEVO SÍNDROME

Son muchos los problemas que habitan a los individuos; algunos suelen estar dentro de ellos y otros simplemente los omiten. No se desea sufrir pero tampoco asombrarse, se huye de la desilusión, al mismo tiempo que de la felicidad. Esto ha sido nombrado como el síndrome de la desconexión emocional, un mecanismo de defensa que evita que otros se acerquen a contar sus problemas o situaciones, a la vez que se está «protegiendo» de razonamientos absurdos.

Es una plaga que se propaga a una velocidad increíble, camina de la mano del mal humor, el insomnio y la depresión. Las nuevas generaciones lo consideran «común». Es normal para ellos no buscar relaciones duraderas o cercanas: esto evita el compromiso emocional o de apoyo a los otros, y se blinda de sentimientos asociados con las circunstancias de los demás. La mayoría de los nuevos jóvenes utiliza la desconexión emocional para evitar de forma racional enfrentarse a sensaciones o sentimientos tales como la angustia, el desencanto o el miedo. Más de un 50% de los adolescentes de este tiempo construyen su vida basados en la desconexión emocional, sin importar las consecuencias que a largo plazo puedan surgir.

VIVIR AISLADO

La idea de la soledad interior es una forma de vida que se expande sobre la juventud. No es un aislamiento social completo, sino una vida emocional sola. En las redes sociales aparenta ser una vida plena o satisfactoria, mientras que en la realidad la desconexión interna está produciendo generaciones que buscan una verdadera comprensión.

Los males que les produce está situación es falta de apetito, exceso de drama en situaciones mínimas, vacío interior, insomnio y, en algunos casos, problemas cardíacos.

En la cercanía y la afectividad con el otro se tiene un muro para evitar los riesgos que se corren, pero en reuniones sociales las personas se encuentran juntas pero desconectadas unas de otras. Un estilo inconsciente y consciente al mismo tiempo es usado por algunos para evitar confrontar sus propios problemas, para cortar lazos familiares, para evitar vínculos afectivos. El silencio es la principal forma de manifestación de este síndrome, acompañado de una actitud conformista o de evasión de la situación.

NO SABER QUIÉNES SOMOS

La psicología emocional apunta que la desconexión sucede en las nuevas generaciones debido a que se ignora quiénes son y cuál es su potencial humano, además de no identificar qué necesitan o desean. Antes de enfrentar una realidad para descubrir la esencia de la persona, es mejor salir del momento, sin poner límites o ignorar lo que puede ofrecer a los demás.

Algunos consideran que lo más importante es la persona en su formato individual, por lo que el otro tiene la responsabilidad de sí mismo. Me despreocupo del otro porque me «interesa» mi vida personal. La actitud de omnipotencia acompaña a los nuevos desconcertados; el «yo puedo solo» rige sus pensamientos y la fortaleza para subsistir en estos escenarios implica grandes dosis de egoísmo. No les interesa compartir o generar lazos de confianza con más de dos personas, el bienestar genuino es su propia persona.

Sin embargo, tal desconexión por el otro es el reflejo interno de la persona que la hace. La vida íntima es un monstruo que se desea evitar a toda costa, porque las verdaderas necesidades surgen dentro de uno mismo y se reflejan con los demás.

SÍNTOMAS

Sentir incapacidad para experimentar y expresar emociones con normalidad

Sentir incapacidad para sentir empatía por otras personas

Sentirse emocionalmente adormecido y confuso

Mostrar extrema racionalidad ante situaciones con carga emocional

Problemas a la hora de formar relaciones sólidas con los demás

Intentos fallidos por encontrar e identificar las propias emociones

Publicado en la edición impresa de El Observador del 20 de enero de 2019 No.1228