Por José Francisco González González, obispo de Campeche

Como cada tres años,  con la asistencia motivante del Papa, se concluyó la Jornada Mundial de la Juventud. Para esta edición, la sede fue Panamá. Un evento que reúne a jóvenes de la gran mayoría de los países del mundo. Allí el Papa afirmó que ellos son el “ahora de Dios”.

La etapa de la juventud es la mejor época en la respuesta vocacional. En la primera lectura (Jer. 1) nos habla el profeta de su propia llamada vocacional. Dos elementos importantes de la vocación aparecen desde el inicio: la elección divina, desde el seno materno, y la misión o tarea a realizar en medio de la sociedad. Toda vocación divina tiene incidencia social y humanizante.

Así pues, uniendo la vocación y los jóvenes, no podemos pasar inadvertido que la realidad juvenil ha registrado una metamorfosis notable. Aludimos a algunos aspectos concernientes a los jóvenes.

Ellos tienen mayor escolaridad y menos trabajo. La inserción laboral es un imperativo cada vez más difícil. La tecnología, la robótica, la flexibilización del trabajo erosiona la estabilidad laboral y estimula la competitividad.

Otro aspecto juvenil es el debilitamiento en la práctica religiosa y la disminución en el sentido de pertenencia a la familia. También, pierde robustez la identidad nacional. Una faceta cambiante en el paradigma juvenil es la disociación de la sexualidad. Se habla mucho de amores, de uniones sentimentales, pero muy poco de amor. Se va distanciando esta realidad, de lo que decía Maurice Blondel: “El amor es ante todo lo que hace ser”. El verdadero amor lleva a la alegría, a la paz, a la verdad y al bien.

LOS JÓVENES SON VIRTUOSOS

Pero debemos resaltar, empero, que los jóvenes post modernos son talentosos y tienen virtudes. Ellos siguen siendo sujetos y protagonistas de la vida social, deportiva, política, familiar y religiosa. Hagamos breve referencia a algunas características:

–         Son generosos, especialmente sensibles a las necesidades de los más desprotegidos;

–        Tienen capacidad para oponerse a las falsas ilusiones de felicidad, del uso indiscriminado y abusivo de la tecnología;

–        Son sensibles para descubrir el sentido de la vida y de su vocación en su paso histórico;

–        Tienen creatividad de usar elementos reciclables y hasta para crear nuevos lenguajes comunicativos.

Un aspecto importante a señalar en los jóvenes de esta época y sus retos vocacionales es el uso de las redes sociales. Ellos se mueven, como “pez en el agua” en el “nuevo continente digital”; llamado también el ‘Sexto Continente’. Los jóvenes son fáciles a crear, compartir y comentar videos en Facebook, Twitter, Vine, Instagram. Allí podemos ver ciertos valores y presupuestos implícitos.

Esa revolución tecnológica ha hecho que los jóvenes se basen más en la imagen que en la palabra; apelan más a las emociones e historias de vida, que a los argumentos razonados; buscan transmitir experiencias inmediatas y no explicaciones profundas y desarrolladas.

APOYAR A LOS JÓVENES

Un reto para hacer clara y distinta la vocación a todo joven es entrar en esa cultura. Conocer la gramática y el lenguaje en uso. Los jóvenes de hoy van a tener un encuentro con Jesucristo a través de esa cultura digital y dentro de ella.

El papa Francisco recalca la importancia, por ende, de acompañar a los jóvenes. Nos sugiere algunas actitudes:

–        Primerearlos en el cuidado, la atención y en el amor incondicional, dada su poca experiencia en la vida.

–        Involucrarnos  profundamente con ellos en la búsqueda de sentido de la existencia, haciendo que toda su  problemática sea también nuestra problemática, procurando que no haya nada ajeno a sus intereses, que nos resulte indiferente.

–        Acompañarlos siempre, aunque a veces no entendamos los procesos que están viviendo, para caminar con ellos, para aportarles nuestra experiencia vocacional, nuestra sabiduría aquilatada, sin imponer nada sino sólo con el deseo de servir por amor.

–        Ayudarlos a fructificar, a que desarrollen y pongan plenamente al servicio de los demás lo que han recibido del amor inmenso de Dios, y así logren una existencia plena y útil.

–        Festejar con ellos las grandes alegrías de la existencia recibida de Dios, y que está llena, más allá de las luchas y tristezas, del gozo inmenso de saberse amados y ser capaces de amar.

Dios recompense sus oraciones y sacrificios por esta JMJ 2019. Damos la bienvenida a los jóvenes que nos representaron en Panamá.