Que nunca se olvide que lo más importante es «invisible a los ojos»

Normalmente es en el propio círculo de amistades y ambientes de convivencia que los novios comienzan. Para enamorarte, debes buscar a alguien en aquel ambiente donde son vividos los valores que son importantes para ti. Si eres cristiano, entonces busca entre familias cristianas, ambientes cristianos, grupos de jóvenes, etc., a la persona que buscas. Valgan para ello los siguientes consejos:

▶ El noviazgo comienza con una amistad, que puede ser un «pre-noviazgo» que va evolucionando. No sumerjas la cabeza en un noviazgo, sólo porque quedaste «enganchado» por el otro. No vayas con mucha sed al tarro porque puedes quebrarlo.

▶ Aquello que no ves: el carácter de la persona, su simpatía, su buen corazón, su tolerancia con los otros, sus buenas actitudes, etc., esto no pasa, esto el tiempo no puede destruirlo. Es lo que vale.

Tu felicidad no está en el color de su piel, en el tipo de cabello y en su altura, sino en la grandeza de su alma.

▶ Al escoger un novio, no te fijes sólo en las apariencias físicas, sino que desciende a las profundidades de su alma. Busca ahí sus valores.

▶ Si encuentras a aquella persona que satisface los valores «más esenciales», no seas muy exigente en aquello que es secundario. Y tendrás que aprender a ceder en algunos puntos, repito, no esenciales.

▶ Si no llevas un buen noviazgo hoy, no reclames mañana por haberte casado mal, o con quien no debías; la elección será tuya.

▶ Nunca encontrarás a alguien perfecto de quien enamorarte; porque «amar es construir a alguien querido, y no querer a alguien ya construido».

Agencias/Redacción

Publicado en la edición impresa de El Observador del 10 de marzo de 2019 No.1235