El Papa a los jóvenes, paso a paso / 6

Hoy los jóvenes deben tener raíces fuertes, para que con el paso del tiempo ningún viento los derribe. Deben escuchar a los mayores, porque ellos miran atentamente la vida, a menudo saben de modo instintivo lo que hay detrás de los hilos enredados y reconocen lo que Dios hace creativamente aun con nuestros errores.

Redacción

Los jóvenes viven apresurados, complaciendo a los demás, con pautas marcadas de cómo ser y en qué creer. Los suicidios aumentan, las redes sociales los esclavizan y muchos van perdiendo su identidad, sólo ven hacia el futuro y no escuchan a los mayores. El Papa Francisco pone como ejemplo un árbol, que parece que crecerá fuerte, pero que con el paso del tiempo sus ramas se apagan y nunca puede enraizarse en la tierra por falta de raíces fuertes.

«Es imposible que alguien crezca si no tiene raíces fuertes que ayuden a estar bien sostenido y agarrado a la tierra. Es fácilvolarsecuando no hay desde donde agarrarse, de donde sujetarse»

Si una persona les hace una propuesta y les dice que ignoren la historia, que no recojan la experiencia de los mayores, que desprecien todo lo pasado y que sólo miren el futuro que él les ofrece, ¿no es una forma fácil de atraparlos con su propuesta para que solamente hagan lo que él les dice? Esa persona los necesita vacíos, desarraigados, desconfiados de todo, para que sólo confíen en sus promesas y se sometan a sus planes. Así funcionan las ideologías de distintos colores, que destruyen (o de-construyen) todo lo que sea diferente y de ese modo pueden reinar sin oposiciones.

Para esto necesitan jóvenes que desprecien la historia, que rechacen la riqueza espiritual y humana que se fue transmitiendo a lo largo de las generaciones, que ignoren todo lo que los ha
precedido.

No a una vida superficial

Una vida superficial, dice Francisco, confunde la belleza con las apariencias. Es mejor descubrir la belleza en un hombre trabajador que vuelve a casa para estar con su familia, en una familia reunida en la mesa o en la esposa que cuida de su esposo enfermo. Esas parejas que ya pasaron por la primavera del noviazgo y que permanecen fieles en el otoño de la vida caminando de la mano.

Hoy hay un falso culto a la juventud que promueve una espiritualidad sin Dios, una afectividad sin comunidad y sin compromisos con los que sufren, un miedo a los pobres vistos como seres peligrosos y ofertas que pretenden hacerles creer en un futuro paradisiaco que siempre se postergará para más adelante.

Lo mejor es no ser esclavos y llevar un camino de libertad, de entusiasmo, de creatividad, de horizontes nuevos, pero cultivando al mismo tiempo las raíces que alimentan y sostienen.

¿Cómo es tu relación con los ancianos?

Es indispensable que los jóvenes sepan de dónde provienen, no deben olvidar lo que les han transmitido sus padres y abuelos. Es importante que descubran su pasado para tomar las propias decisiones y les permita un buen crecimiento.

La Palabra de Dios recomienda no perder el contacto con los ancianos, para poder recoger su experiencia: «Acude a la reunión de los ancianos, y si encuentras a un sabio júntate a él […]. Si ves a un hombre prudente, madruga para buscarlo, que tus pies desgasten el umbral de su puerta» (Si 6,34.36).

La Biblia nos pide: «Escucha a tu padre que te dio la vida, y no desprecies a tu madre cuando sea anciana» (Pr 23,22).

Esto no significa que tengas que estar de acuerdo con todo lo que ellos dicen, ni que debas aprobar todas sus acciones. Un joven siempre debería tener un espíritu crítico.

Sueños y visiones

Los ancianos sueñan y los jóvenes ven visiones. ¿Cómo se complementan ambas cosas?

Los ancianos tienen sueños construidos con recuerdos, con imágenes de tantas cosas vividas, con la marca de la experiencia y de los años. Si los jóvenes se arraigan en esos sueños de los ancianos logran ver el futuro, pueden tener visiones que les abren el horizonte y les muestran nuevos caminos. Pero si los ancianos no sueñan, los jóvenes ya no pueden mirar claramente el horizonte.

Por eso es bueno dejar que los ancianos hagan largas narraciones, que a veces parecen mitológicas, fantasiosas –son sueños de viejos–, pero muchas veces están llenas de rica experiencia, de símbolos elocuentes, de mensajes ocultos.

Entonces, los jóvenes deben aceptar que toda la sabiduría que necesitamos para la vida no puede encerrarse en los límites que imponen los actuales recursos de comunicación.

Las raíces no son anclas que nos atan a otras épocas y nos impiden encarnarnos en el mundo actual para hacer nacer algo nuevo. Son, por el contrario, un punto de arraigo que nos permite desarrollarnos y responder a los nuevos desafíos.

TAREAS

Asumir con realismo y amor nuestra cultura y llenarla de Evangelio.

Amar nuestra hora con sus posibilidades y riesgos, con sus alegrías y dolores, con sus riquezas y sus límites, con sus aciertos y sus errores.

No dejarse llevar ni por los jóvenes que piensan que los adultos son un pasado que ya no cuenta, que ya caducó, ni por los adultos que creen saber siempre cómo deben comportarse los jóvenes.

Frecuentar el pasado, para aprender de la historia y para sanar las heridas que a veces nos condicionan.

Frecuentar el futuro, para alimentar el entusiasmo, hacer germinar sueños, suscitar profecías, hacer florecer esperanzas.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 19 de mayo de 2019 No.1245