Por Jaime Septién

Erasmo escribió un libro en el cual afirmaba que la sabiduría cristiana consiste en preparar la vida para «bien morir». ¿Paradoja? ¿Es el hombre, como pensaba el filósofo alemán Martin Heidegger, un ser-para-la muerte? ¿No dice Jesús que Él vino para que nosotros tengamos vida en abundancia?

Hace poco el Beato Anacleto González Flores (1888-1927), el «Gandhi mexicano», una de las víctimas de la persecución religiosa de Plutarco Elías Calles, fue aceptado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos del Vaticano como Patrono de los Laicos Mexicanos.

Este, el del «Maistro Cleto», es un patronazgo merecidísimo, no solo por lo que hizo en su corta e inolvidable vida de orador, periodista, animador de la ACJM, de la Acción Católica, de la resistencia pacífica contra la tiranía del gobierno o por su participación en la Liga para la Defensa de la Libertad Religiosa en México; También por lo que nos dejó al momento de enfrentar la muerte, casi desollado, masacrado por la soldadesca: «Una sola cosa diré y es que he trabajado con todo desinterés por defender la causa de Jesucristo y de su Iglesia. Ustedes me matarán, pero sepan que conmigo no morirá la causa. Muchos están detrás de mí, dispuestos a defenderla hasta el martirio. Me voy, pero con la seguridad de que veré pronto -desde el cielo- el triunfo de la religión de mi Patria».

Ese triunfo espera: está en nosotros rescatarlo. Para que México tenga vida y nuestra muerte sea como debe ser: peleando por el Reino de Dios.

TEMA DE LA SEMANA: LOS ÚLTIMOS INSTANTES: GUÍA PARA EL BIEN MORIR
Publicado en la edición impresa de El Observador del 4 de agosto de 2019 No.1256