Esto que escribió san Agustín lo experimenta, aunque sea de forma inconsciente, todo ser humano sobre la Tierra: «[Señor Dios], nos creaste para Ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en Ti».

San Juan Pablo II definió la oración como «un diálogo misterioso, pero real, con Dios»; y santa Teresa de Jesús: «Orar es tratar de amistad, estando muchas veces a solas con Quien sabemos nos ama».

La oración, por tanto, debería ser de lo más fácil, incluso la oración contemplativa, de la cual habló el Santo Cura de Ars en estos sencillos términos: «Yo Lo miro [a Jesús] y Él me mira».

O sea que se puede hacer oración en cualquier momento y circunstancia. Se puede hablar con Dios para contarle preocupaciones, logros y necesidades, pero también para alabarlo y adorarlo; más aún, se puede orar sin decir nada ni pensar nada, esperando que sea Él el que hable, o simplemente estando con Dios en mutua y consciente compañía.

Pero cuando esto se desconoce; o cuando se cree que la clave está en sólo repetir oraciones de memoria, incluso sin necesidad de fijarse siquiera en lo que se está diciendo, entonces rezar parece aburrido y sin sentido, y el espíritu inquieto comienza a buscar métodos alternativos para acercarse a Dios. De este modo es fácil toparse inocentemente con las corrientes espirituales de la New Age (Nueva Era), que contaminan la esencia de la oración cristiana.

La trampa radica en que la New Age suele disfrazarse de corriente de espiritualidad cristiana al integrar elementos como: una relación aparentemente sana con la naturaleza y en contra del materialismo; construir un mundo de armonía y amor, etcétera.

Estas trampas también han llegado a filtrarse hasta en parroquias y congregaciones religiosas, que lo mismo pueden dar cursos de yoga que de reiki, lo que puede causar un daño grave en las personas alejándolas de Dios verdadero. Por ejemplo, el jesuita estadounidense P. Mitch Pacwa cuenta que cuando él tenía poco de ordenado otros jesuitas promovían el eneagrama como método de espiritualidad: «Ningún jesuita de mi clase que tomó enseñanzas del eneagrama, excepto yo, sigue siendo jesuita. Todos han dejado el sacerdocio».

Por lo tanto, en lugar de ir tras novedades, hay que orar con el tesoro bimilenario de la Iglesia. Los Talleres de Oración y Vida, diseñados por el ya fallecido sacerdote Ignacio Larrañaga, son una forma de conocerlo y de vivirlo.

Redacción

TEMA DE LA SEMANA: UN TALLER PARA APRENDER A ORAR

Publicado en la edición impresa de El Observador del 11 de agosto de 2019 No.1257