El turismo se volvió una forma de vida en los nuevos tiempos. Hoy más que nunca las nuevas generaciones viajan a diferentes lugares para conocer y vivir experiencias; es por ello que en este reportaje te invitamos a descubrir la aventura del turismo religioso

Por Mary Velázquez Dorantes

Convertirnos en enamorados de los espacios sagrados, de los lugares santos, de la devoción de las rutas y el peregrinaje es algo para lo que no se requiere de temporadas específicas. No es una tendencia que pasará de moda, es el mejor destino para vivir la fe, conocer a Dios, reconocer el paisaje cristiano. Se puede emprender con una maleta ligera pero llena de posibilidades espirituales, desde la tradición hasta la interiorización verdadera.

El turismo religioso es una oportunidad muy fuerte para seguir creyendo. El 20% del turismo en general alrededor del mundo es religioso y refuerza la fe de quien traza la ruta para conocer sitios, arquitectura, peregrinaciones cuyo destino es uno sólo: Dios. Convertirse en un turista religioso brindará oportunidades diferentes y llenas de memoria, al mismo tiempo que se convierte en un desafío físico, emocional y espiritual. En México 30 millones de personas realizan turismo religioso. Los sitios más visitados son: la Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México; la Basílica de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos en Jalisco; el Santuario del Nino de Atocha en Zacatecas; Cristo Rey en Guanajuato; y el Santuario del Señor de Chalma en el Estado de México.

VIVE LA EXPERIENCIA

De todas las formas de hacer turismo, el religioso lleva consigo la más grande de las experiencias personales, interiores y contemplativas; su significado es desbordante y está vinculado a grandes motivos del viaje. La mayoría de los turistas religiosos consideran la experiencia como sagrada, llena de motivaciones, sin reduccionismos materiales, y como un ejercicio de búsqueda y encuentro. Y es también una forma de desarrollo para las comunidades y los pueblos. El turismo religioso es patrimonio y herencia cultural.

El hombre actual vive rodeado de distracciones efímeras. Cuando se decide por un viaje religioso la práctica y el comportamiento se vuelven distintos a los de otras formas de realizar turismo. Esta es una de las grandes oportunidades para observar, meditar, conocer la fe. Se puede comenzar trazando una ruta cercana de lugares, templos y monasterios sagrados, así como las festividades propias de los pueblos cercanos, la participación en las prácticas religiosas y, por supuesto, la fotografía como testigo del viaje. Vivir la experiencia y ser turista religioso para compartir con otros los santuarios de peregrinación, las devociones y las tradiciones culturales.

APRECIAR LA BELLEZA ARQUITECTONICA

Los templos, las iglesias, las catedrales, los monasterios son sitios arquitectónicamente llenos de maravillas históricas y artísticas. Si a ello se suma la participación en la celebración religiosa se descubrirá no sólo el valor artístico e histórico, sino la riqueza espiritual que albergan.

El acto de viajar para conocer, unido con la meditación, la oración y la contemplación producen el deseo por conocer más lugares así. También puede ser posible elaborar un itenerario con la geografía sagrada y conocer los sitios más importantes para el cristianismo; visitar lugares de devoción y veneración, acudir a museos con exvotos y descubrir la expresión de la fe. Visitar museos con ornamentación religiosa, ser parte de las peregrinaciones hasta llegar al lugar santo y en conjunto admirar la belleza del sitio.

Los sitios religiosos se han convertido en patrimonio arquitectónico y son parte de la tradición católica. Su riqueza también es posible gracias a sus festividades y a la acogida de los habitantes de los pueblos y ciudades que los poseen.

DESCUBRIENDO LA FE

Las peregrinaciones marianas son una de las alternativas con mayor riqueza espiritual. Armar la maleta para vivir la fe desde la Virgen María es una de las opciones con mayor actividad y atracción.Se deja a un lado el viaje tradicional para volverse un viaje pastoral y de catequesis.

El sentido simbólico incluye la presencia de reliquias, testimonios, valores religiosos, el rezo del Rosario, las rogativas, las plegarias, los cantos de alabanza. Cada lugar que se visita es un experiencia entendida con un sentido amplio: vivir la fe. Se puede comenzar conociendo la historia del lugar, la manifestación mariana, la ubicación en la que se encuentra el punto del viaje, para después irse adentrando en lo profundo, en aquello que conmueve al ser humano, el encuentro con el significado espiritual. Ser un turista y al mismo tiempo un peregrino, gestionar la fe con la curiosidad, elegir destinos cuya motivación vaya más allá
de la frivolidad.

Entender las manifestaciones de devoción, observar los espacios de plegaria y comprender las distintas manifestaciones de religiosidad. Siguiendo estos pasos entonces nos volveremos turistas religiosos, deseosos de saber más de Dios.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 25 de agosto de 2019 No.1259