Por Sergio Ibarra

En las semanas pasadas la Ciudad de México fue objeto de agresiones por parte grupos «conservadores» o «minorías» que lastimaron, entre otros monumentos, el que nos representa y vincula a todas y a todos, el Ángel de la Independencia y el Palacio Nacional.

Lo anterior, al margen de comercios, restaurantes y empresas agredidas que se les atravesaron en el camino a estos delincuentes que destruyeron propiedad privada sin que lo impidieran las autoridades de la Ciudad de México.

Los hechos ocurridos no son menores y deben ser investigados.

Pero los hechos tienen una raíz. No podemos aspirar a una sociedad digna, sin una familia digna. La seguridad es en principio una larga carrera, una carrera compartida entre gobierno y sociedad, que no se gana con velocidad, sino con perseverancia y claridad.

Es entonces en nuestras familias en donde nacen y se hacen las pequeñas cosas, donde suceden los delitos menores, donde pasan esas pequeñas cosas a veces con una travesura que no fue castigada o corregida, pero también donde se empieza por respetar el no tirar basura, el regresar algo que me encontré en el salón o en el patio en el recreo o, mejor aún, denunciar a quien esta haciendo algo indebido.

Es en nuestras familias donde nace el civismo. Es ahí donde, respetando las pequeñas cosas, nace el respeto a las grandes. Desde levantar nuestros tiraderos y arreglar nuestro cuarto, hacer las tareas y no copiar ni ver de qué manera le hacemos copy paste para ahorrarnos un esfuerzo.

Es en nuestras familias donde aprendemos que hay que pagar impuestos, donde entendemos que el agua no sale de a gratis de la llave y la luz tampoco cuando la encendemos; que el tener quien recoja la basura no cae del cielo o que existan policías que nos protejan es un derecho divino.

Es ahí donde debemos enseñar a nuestros hijos, empezando por nosotros, que no podemos tener una patria que funcione en donde más de la mitad de la economía es informal, o sea, más de la mitad no paga impuestos, pero, eso sí, usa y hasta exige todos los servicios que los demás pagamos.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 6 de octubre de 2019 No.1264