Bilocación

Durante una epidemia en Lima, Perú, el convento de los dominicos fue cerrado para evitar la propagación de la enfermedad. Sin embargo, los contagiados estaban asombrados de la repentina presencia de san Martín de Porres cerca de su cama, para proporcionarles consuelo, atenciones y curación.

Episodios semejantes, para toda clase de enfermos, igualmente se reportaron en Europa, en China, en Argelia, en México y en Japón, a pesar de que san Martín de Porres estuvo en Perú durante toda su vida.

Es decir, él experimentó el don sobrenatural de la bilocación, por el cual una persona, pasando por encima de las leyes de la naturaleza por disposición de Dios, puede estar en dos lugares al mismo tiempo.

Al preguntársele a san Martín cómo era posible que de pronto se dijera que lo habían visto en otro lugar, cuando a todos les constaba que se encontraba dentro del convento, y que cómo era posible que ingresara a tal o cual habitación traspasando puertas o muros para atender a alguien en dificultades o a algún enfermo, él simplemente respondía: «Yo tengo modo de entrar y salir».

Éxtasis y levitación

Entre los dones sobrenaturales que Dios concedió a san Martín de Porres estaba el de levitación.

Según los testimonios de los frailes que vivían con él, fray Martín levitaba cuando rezaba con mucha devoción.

Cuando estaba en este estado, no veía ni escuchaba, pues se hallaba en estado de éxtasis. Incluso el virrey de Perú, cuando iba a consultarlo, tenía que esperar a que san Martín saliera del éxtasis.

Conocimiento, consejo, profecía y otros

Otra de las facultades sobrenaturales que poseyó san Martín de Porres fue el de conocimiento: solía presentarse ante los pobres y enfermos llevándoles determinados platillos, medicinas u objetos que no habían solicitado pero que eran secretamente deseados o necesitados por ellos.

El don de consejo era en él tan grande, que las más altas personalidades de Lima recurrían a él cuando tenían que tomar decisiones importantes.

También el humilde santo limeño experimentó los dones de invisibilidad, de emanar su cuerpo un exquisito y suave perfume sobrenatural, de agilidad —que es la traslación del cuerpo casi instantánea de un lugar a otro, y que incluso san Martín comunicaba a sus acompañantes—, el don de sutileza —el paso del cuerpo a través de muros, puertas, ventanas, etc.—, y el don de profecía, con el cual anunció a muchas personas acontecimientos futuros de sus vidas personales; por ejemplo, si ya estaban por morir, si iban a convertirse en sacerdotes, si una vivienda iba a derrumbarse, si se iba a cometer un robo en tal o cual lugar, etc.

Su cuerpo llegaba a emitir luces o resplandores sobrenturales, especialmente cuando en la oración entraba en éxtasis. Aquella luz podía iluminar completamente su celda por la noche.

La naturaleza lo obedecía

San Martín tenía don de mando sobre la naturaleza. Por ejemplo, hacía que las plantas germinaran antes de tiempo. Pero en especial sabía comunicarse con los animales, y éstos obedecían sus mandatos. Las gallinas, las mulas, los perros y los gatos se le acercaban amorosamente.

En 1552 fueron introducidos accidentalmente los ratones a Perú, al llegar en barco; y con el paso de los años se volvieron una plaga. San Martín ya estaba en el convento cuando los roedores invadieron el lugar. Los frailes inventaron diversas trampas para cazarlos, pero rara vez lograban atraparlos.

También fray Martín puso en la enfermería una ratonera, donde cayó uno. El santo lo liberó y, colocándolo en la palma de su mano, le dijo: «Váyase, hermanito, y diga a sus compañeros que no sean molestos ni nocivos; que se vayan a vivir en la huerta, y que yo cuidaré de llevarles alimento cada día».

El ratón cumplió con el encargo, y desde entonces todos los roedores se mudaron a la huerta, donde san Martín los visitaba todas las mañanas y les llevaba un cesto de desperdicios para alimentarlos.

Martín mantenía en su celda a un perro, un gato y un pájaro, y logró que vivieran en concordia, comiendo del mismo plato.

TEMA DE LA SEMANA: SAN MARTÍN DE PORRES; UN FRAILE, UNA ESCOBA Y LA PAZ

Publicado en la edición impresa de El Observador del 3 de noviembre de 2019 No.1269