Por Josefa Romo

Asuntos de religión son frecuentes en la prensa. En Occidente, todos saben algo sobre el Cristianismo, la Religión fundada por Jesucristo, que se hizo cultura. Unos admiran sus frutos; otros, sienten desprecio, debido al desconocimiento de la belleza y la alegría del Evangelio, o por la incoherencia de cristianos, o porque les resulta como un espejo y, por soberbia o desesperanza, no quieren ver reflejada su fealdad moral.

Los que siguen a Jesús de Nazaret, saben que es verdadero Dios y también verdadero Hombre. Se trata de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, que se encarnó en el seno de María Santísima para pagar, a la Justicia Divina, por nuestros pecados, a fin de que éstos no fueran obstáculo para nuestra salvación si hay arrepentimiento.

Es un misterio de Amor que el Ofendido, Dios, pague por las ofensas. Se conmueve el corazón cuando se piensa en la Misericordia Divina, siempre dispuesta a perdonar sin reservas.

La Religión Cristiana tiene dos mil años de historia y es mayoritaria, con más de dos mil seguidores. Esta Religión ha tenido y tiene, también ahora, gran repercusión en el mundo por las innumerables obras socio-caritativas de sus seguidores. Contribuyó a la humanización del hombre. Algunos se dicen cristianos no practicantes. Quizá tenga razón, Tamara Falcó, quien, al desnudar su espíritu sin rubor y confesar su Fe en la Prensa, espeta: “decir que uno es católico no practicante es como ser vegetariano y comer carne” ( Religión en Libertad, 23-XI 2019)