Por Sergio Ibarra

Las tradiciones forman parte de nuestra cultura. Uno de los pilares de la memoria social, como también se le puede denominar a la cultura, es la religión. Le llamamos así porque aquellos que pertenecen a la cultura se encuentran en el interior de cada uno de los miembros que la comparten en una sociedad determinada.

Se avecinan días donde las tradiciones católicas año con año enfrentan la avalancha comercial y superficial de esta sociedad del siglo XXI. Como buenos católicos debemos lanzarnos al rescate de estas tradiciones que sostienen la identidad de quienes somos seguidores de Jesús, el Cristo.

La primera tradición tiene que ver con el inicio de un nuevo año litúrgico y se celebra con los cuatro domingos que han de servir para prepararnos para la celebración del nacimiento de Jesús, el Cristo. El término adventus significa venida, la venida del Redentor. Así que no es una celebración menor el preparar el espíritu para reflexionar sobre las implicaciones que tiene esta redención que celebramos.

La corona del Adviento tuvo sus orígenes durante la Edad Media en lo que hoy es Alemania. La hacían con las ramas de los arboles del invierno. Entonces no se celebraba a San Nicolás o Santa Claus. Luego se le agregaron las velas, que son cuatro y que representan cada uno de los domingos que anteceden a la fecha en la que se celebra el nacimiento de Jesús, el Cristo.

El tiempo y las autoridades eclesiásticas de la Iglesia Católica le agregaron significados a cada una de las velas. La tradición lo que plantea es que estos cuatro domingos representen la fiesta dedicada a Dios de cada semana, pero con este condimento espiritual de velar; por eso lo de las velas, para tener nuestro espíritu en orden y celebrar las fiestas navideñas, anteponiendo lo que nos vincula, la fe.

Sea el Adviento ese tiempo en que le echamos una revisada a nuestro interior y también que cada vela que se encienda en nuestros hogares sea un llamado a la oración y a este asunto que invocan las velas, estar vigilantes, a velar por nosotros mismos, antes que nada.