Por Modesto Lule MSP

La palabra de Dios dice claramente: «Busca primero el Reino de Dios y lo demás vendrá por añadidura». (Mateo 6, 33)

Maricruz tenía problemas de salud y hasta psicológicos pero siempre que iba a consulta los doctores le decían que no tenía nada. Ella se quejaba de sus malestares y siempre preguntaba a sus conocidos por algún remedio casero que le diera un poco de paz.

Por sus mismos malestares no podía conciliar el sueño y por ende andaba siempre de muy mal humor. Un día una conocida le dijo que a lo mejor le habían hecho una brujería. Comenzó a repasar en las personas que conocía y había conocido para encontrar un signo que le pudiera dar una pista y así encontrar quién sería.

Su sospecha mayor cayó en un joven que hacía un tiempo la había estado cortejando, pero que nunca le quiso dar oportunidad para establecer una relación de noviazgo y se enteró que este tenía una hermana que se dedicaba a las artes oscuras.

Cuando tuvo la sospecha le dijeron que en la Catedral había un sacerdote exorcista, decidió sacar una cita con él, así como plantearle su problema y lo que decían los médicos. El padre Rodrigo le atendió y le dijo que había muchas posibilidades de que fuera una realidad el maleficio. Ella dijo que no creía en esas cosas y que por eso no pensaba que fuera verdad, por eso había sacado la cita con él para que le explicara mejor las cosas.

El padre Rodrigo le dijo que aunque ella no creyera en eso, la maldad y las artes oscuras existían y el no creer no le volvería inmune a los actos malignos. Maricruz, preocupada, preguntó que entonces qué podría hacer para liberarse de eso que ya no soportaba. El sacerdote le dijo que ella tenía que entregarse más a Dios para buscar su liberación y purificación. Que eso llevaría tiempo dependiendo de su entrega y sinceridad, así como también de la misericordia de Dios. Ese día ella se dispuso y después de mucho tiempo quiso confesarse, también se comprometió a participar de Misa cada ocho días. Comenzó a participar de cursos de Biblia y pronto le hicieron una oración de liberación.

La liberación

Ella comenzó a sentir un alivio en sus problemas corporales, pero no del todo. El padre le dijo que no diera entrada a la desesperación pues ahí era donde más fácil trabajaba el demonio. Aun así el sacerdote le dijo que buscara a otros médicos para que le dieran otras opiniones y así tratar de trabajar el problema desde la ciencia y la fe.

Después de varias confesiones y de varias oraciones de liberación, el padre Rodrigo se dio cuenta de algo y eso pudiera ser el motivo por el cuál ella no se curaba del todo. El sacerdote le dijo a Maricruz que si ella no hacía un esfuerzo por liberarse del pecado ella no iba a sanar del todo. Y es que en realidad ella, esporádicamente, fornicaba con su novio y eso la hacía mantenerse atada al pecado. El padre le dijo que si no era capaz de renunciar a eso ella no podría liberarse de un posible maleficio pues ella misma no soltaba las riendas del pecado.

El padre le dijo que tenía que hablar seriamente con su novio y que si en verdad él la quería tendría que dejar de hacer eso para que ella buscara su felicidad. Maricruz platicó con su novio y él aceptó dejar la fornicación. Los meses pasaron y la salud o el bienestar de Maricruz comenzó a verse cada día más. Por fin llegó el día en que ella se sintió plenamente libre.

La abstinencia y los cursos de Biblia ayudaron a Maricruz y a su novio a comprender el valor de la abstinencia y saborearon los frutos que con ello vienen. Después de varios años y perseverancia se casaron y ahora se preparan para ayudar a otros jóvenes.

Publicado en la edición impresa de El Observador del 26 de enero de 2020 No.1281